Rodeada de muerte, la primavera llora lágrimas de azúcar,
jamás volveré a soñar la guerra de las pinturas,
galopar a lomos del caballo blanco.
¿Dónde están los verdes prados?
Me miras con esos ojos de sapo a punto de croar.
Gritos.
¿Dónde están las flores?
Ha muerto el viejo chamán,
en alguna alcantarilla encontrarán sus huesos roídos.
Canta conmigo,
aquellas canciones de olvido,
volver a recordar volar sobre las nubes,
volver a recordar cómo me escupes.
Vomité palabras de amor al revés,
devoré las plantas carnívoras que crecían a tus pies,
me enamoré del fango otra vez,
arranqué las notas de la flauta al soplar a través.
Regué de vino mi dolor, aunque creáis que no, desapareció.
Ella siempre vuelve
con su mirada verde,
con la lengua entre los dientes,
cuidado que muerde.
El árbol, con su seca rama, entre quejidos me habla,
recuerdos de la anciana del bosque y sus hadas.
La araña teje,
otra hoja verde.
El perro aúlla,
su boca espuma.
El pájaro ya no canta,
me mira desde la rama,
como si yo tuviera la culpa de los huesos rotos,
como si yo no estuviera loco.
Arranqué el blanco para dejar salir el negro
dolor, sangre,
todo tornó agujero.
Otra vez la noche,
te llamo y no respondes,
somos escarabajos bajo el barro
gusanos aplastados en mi zapato,
mira como fornican nuestros cuerpos putrefactos.
Me siento en mi banco, espero,
no ver,
no comer,
no respirar.
Sombra en la pared
sombra en la ventana
sombra en la mesa
ella está en todas partes,
eyaculo pus sobre su cuerpo putrefacto,
los gusanos devoran la carne,
no tengo ojos pero veo
veo más allá,
donde las flores se pudren,
escucho como crece mi pelo
me hago viejo.
No sé a qué coño esperáis,
la tormenta ya ha empezado,
devoraros los unos a los otros.
La sangre escurre por mis brazos, escurre por mi cara,
la muerte me mira con ojos de sapo,
espinos atravesando mi carne, ceniza a la ceniza,
ríos de odio, fuego,
trona la noche,
humo negro a lo lejos,
ya huele a carne quemada, las putas bailan la danza macabra.
Ruidos de metal en la noche,
me quemo los ojos con una colilla,
ahora veo la risa de la raposa,
ahora veo la niña con el cuchillo,
sangre negra
sangre muerta,
atraviesa mi cuerpo con tu filo, verás que ya no sangro.
El sonido de los huesos rotos del perro atropellado,
canicas rotas rebotando contra el suelo de cemento,
la muñeca se deshace al calor de la chimenea,
una foto vieja, rota en mil pedazos, se refleja en el espejo.
La voz del vagabundo cabalga entre las sombras,
grito nocturno,
ya no hay música, sólo ruido,
el ruido de las ramas secas partiéndose al viento,
el ruido de la lata vacía pateada por el niño,
el ruido de sus uñas rasgando mi cara,
la hoja se arrastra por el suelo,
la cucaracha se aplasta bajo mi pie,
mariposas blancas fornicando entre las flores,
escupo las palabras de la noche.
No sé si muero poco a poco o vivo despacio,
con estas largas cadenas ancladas a un muro lejano,
no sé si son tus labios o si es el mar a donde quiero llegar.
Salir, a ver los jilgueros cantar,
acorralada por sus voces de cartón
engañada por sus palabras de papel,
quizá aún queda algo de esperanza para la música...
jamás volveré a soñar la guerra de las pinturas,
galopar a lomos del caballo blanco.
¿Dónde están los verdes prados?
Me miras con esos ojos de sapo a punto de croar.
Gritos.
¿Dónde están las flores?
Ha muerto el viejo chamán,
en alguna alcantarilla encontrarán sus huesos roídos.
Canta conmigo,
aquellas canciones de olvido,
volver a recordar volar sobre las nubes,
volver a recordar cómo me escupes.
Vomité palabras de amor al revés,
devoré las plantas carnívoras que crecían a tus pies,
me enamoré del fango otra vez,
arranqué las notas de la flauta al soplar a través.
Regué de vino mi dolor, aunque creáis que no, desapareció.
Ella siempre vuelve
con su mirada verde,
con la lengua entre los dientes,
cuidado que muerde.
El árbol, con su seca rama, entre quejidos me habla,
recuerdos de la anciana del bosque y sus hadas.
La araña teje,
otra hoja verde.
El perro aúlla,
su boca espuma.
El pájaro ya no canta,
me mira desde la rama,
como si yo tuviera la culpa de los huesos rotos,
como si yo no estuviera loco.
Arranqué el blanco para dejar salir el negro
dolor, sangre,
todo tornó agujero.
Otra vez la noche,
te llamo y no respondes,
somos escarabajos bajo el barro
gusanos aplastados en mi zapato,
mira como fornican nuestros cuerpos putrefactos.
Me siento en mi banco, espero,
no ver,
no comer,
no respirar.
Sombra en la pared
sombra en la ventana
sombra en la mesa
ella está en todas partes,
eyaculo pus sobre su cuerpo putrefacto,
los gusanos devoran la carne,
no tengo ojos pero veo
veo más allá,
donde las flores se pudren,
escucho como crece mi pelo
me hago viejo.
No sé a qué coño esperáis,
la tormenta ya ha empezado,
devoraros los unos a los otros.
La sangre escurre por mis brazos, escurre por mi cara,
la muerte me mira con ojos de sapo,
espinos atravesando mi carne, ceniza a la ceniza,
ríos de odio, fuego,
trona la noche,
humo negro a lo lejos,
ya huele a carne quemada, las putas bailan la danza macabra.
Ruidos de metal en la noche,
me quemo los ojos con una colilla,
ahora veo la risa de la raposa,
ahora veo la niña con el cuchillo,
sangre negra
sangre muerta,
atraviesa mi cuerpo con tu filo, verás que ya no sangro.
El sonido de los huesos rotos del perro atropellado,
canicas rotas rebotando contra el suelo de cemento,
la muñeca se deshace al calor de la chimenea,
una foto vieja, rota en mil pedazos, se refleja en el espejo.
La voz del vagabundo cabalga entre las sombras,
grito nocturno,
ya no hay música, sólo ruido,
el ruido de las ramas secas partiéndose al viento,
el ruido de la lata vacía pateada por el niño,
el ruido de sus uñas rasgando mi cara,
la hoja se arrastra por el suelo,
la cucaracha se aplasta bajo mi pie,
mariposas blancas fornicando entre las flores,
escupo las palabras de la noche.
No sé si muero poco a poco o vivo despacio,
con estas largas cadenas ancladas a un muro lejano,
no sé si son tus labios o si es el mar a donde quiero llegar.
Salir, a ver los jilgueros cantar,
acorralada por sus voces de cartón
engañada por sus palabras de papel,
quizá aún queda algo de esperanza para la música...
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