jueves, 13 de septiembre de 2018

Ella me mira desde la ventana,
como airada,
debe molestarle mi presencia...

Será el aroma a amnesia,
inunda mi cerebro,
me mantiene despierto...

Dormir, dormir,
necesito dormir más
soñar y dormir...

Despertar...

Hubo un tiempo, no hace tanto,
que eramos guerreros de la luz,
ahora que no estás tú
lloro cuando canto.

Por eso ya no canto,
sólo bebo y fumo,
como queriendo exprimir el jugo
de lo que queda de naranja.

Sí, es verdad,
hay quien me da la espalda,
pero no por maldad.

Me llaman perdedor,
incluso traidor,
nunca fui un ganador,
sólo tengo una fe.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Con el agua de un riachuelo
empapé mi pañuelo,
creí ser el lobo
a la caza de un retoño,
salvaje como la hache,
enmudecido por la madre.
Soy el lobo en el bosque, el trofeo del cazador,
mis manos rotas
luchan por permanecer en mi cuerpo, aún no ha salido el sol
las paredes sangran,
el techo habla,
el humo se va por la ventana, tú muerta
buscas comida en la basura,
han pisoteado tus rosas de abril
han arrancado las flores del jardín, fuego, fuego
el verde arde
la puerta arde,
tus ojos estallan sangre,
tu boca esputa putrescencia,
el dolor se vuelve insoportable, te llaman cobarde
mientras cuelgas del roble podrido.

He olvidado tu nombre, tu pelo,
tus ojos,
tus labios,
tu forma de decir si, he olvidado el cielo, el sol
las estrellas, las flores, el canto del pájaro.

Odio los ojos del sapo, la voz del pájaro muerto, el reflejo de la serpiente
la gran marea negra...

La palabra se pudre en tu boca, tu mirada es dolor o alegría,
la alegría de los muertos.

He de irme donde mueren los sueños,
donde el silencio es olvido, donde se rompen los huesos.
Encontré la puerta verde,
llamé tres veces,
como manda el canon
con la palma de la mano,
oigo el canto de un canario,
el ruido de un armario,
la puerta se abre
aparece un cadáver,
soy yo en mi ataúd
escarbando hacia la luz.