domingo, 31 de mayo de 2020

Carboncillos desgastados
oscurecen mis manos,
dibujo el olvido,
el rostro desconocido.

¿Será el destino?

Lo vi anoche,
vomitando entre dos coches.

Brillo de metal
sonido letal,
ayuda, pide el cojo,
sobre el suelo rojo.

Encojo los hombros.

Una botella de ron,
bebimos hasta las dos.

Teclas de piano
recorren mis manos,
demasiado bebido,
reconocer el sonido.

Sonido de olvido.

Despertar de resaca,
rodeado de cucarachas.

Haremos un trato
dijo el pobre santo,
en su voz única,
encuentro la enjundia.

Surgió la música.

Bebimos los dos,
otra botella de ron.

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