Escarbé,
en lo más profundo de mi ser,
ahí me encontré,
a la luz de la llama
escuchaba el canto del hada,
en mi aplauso, sin querer,
con las manos la aplasté,
y al llanto regresé.
Empecé a tiritar
pues solo quedó oscuridad.
Pronto el viento empezó a aullar,
dejé de tiritar para temblar,
el lobo vuelve,
en manada viene,
y su estruendo
rompió el sueño...
Desperté,
otra vez,
sin saber por qué
ni dónde,
no recordaba ni mi nombre,
pero mi pecho estaba rojo,
por el mordisco del lobo.
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