viernes, 27 de marzo de 2020

Entre las rayas del piano
retumba el contrabajo...

Ya devoré a las serpientes,
subí bajé la escalera
(como atrapado en la telaraña,
queriendo escapar a algún afuera)
el horror solo está en nuestras mentes,
escapar de la guadaña...

Quizá no disponga del supón de suponer,
mas pon por un momento que estamos en dicho supón,
si todo es de color,
si a nadie más le ha de doler
que las verdes flores no huelen al arder,
que es de noche a las tres,
el cielo no tiene color,
no hay nada más allá,
mucho menos más acá,
entonces, es entonces cuando abrimos los ojos,
cuando nos llaman locos,
por vivir,
por respirar,
el dolor se vuelve nuclear
al vivir,
al respirar,
las drogas,
las drogas claman nuestro yo,
no hay yoes suficientes,
olvidar
recordar,
olvidar
respirar,
caminar,
despertar...

E S T A L L A como helada hoja de otoño,
dispara, despacio, la cámara
lenta,
no hay espacio para el aire en los pulmones,
repletos de frío
duele el respirar,
más que el propio vivir,
frío,
frío,
como volver a nacer
a través del dolor.
Ahí enfrente,
agachada,
espera la serpiente.

A veces creo haberlo dicho todo,
pero siempre queda algo por decir,
aunque nada quiera decir,
tarde o temprano acabo diciendo algo.

Creo que la enfermedad acabo con mi vida,
pero es ahora cuando estoy vivo,
aquello no era vida,
atrapado en la reja
a pesar de mis logros,
todo es un viejo recuerdo.

Tengo recuerdos anteriores,
a cada cual más tremebundo,
creo que nunca he sido feliz,
que nunca lo seré,
anhedonia...

Solo nos queda la poesía,
las lenguas muertas,
llenar los pulmones de frío
y quizá declamar.
Ella, de blanco vestida,
era como una margarita,
mujer que la vida me quita,
me quería, no me quería.

Tal era mi desdicha...

Me abandoné al tormento,
al caminar del tiempo,
puedo, pero no quiero,
quiero, pero no puedo.

Olvidé mis años de caballero...

Y en el rincón oscuro lloraba
tus cuentos de hada,
y volé sin alas
porque aún soñaba.

Tan lejos como la imaginación abarca...