lunes, 10 de diciembre de 2018

Quiero evitar el camino,
porque me lleva lejos,
lejos de aquí.

Quizá, por eso, todavía sigo los consejos del viejo,
mira que nunca quise hacerle demasiado caso,
pero al fin y al cabo, yo también soy un borracho.

Por más que intento caminar recto
me doy contra el árbol,
aunque no haya ninguno plantado.

He caído contra el barro,
y me he levantado dando una voltereta,
de forma elegante, como si no hubiera pasado nada,
pero ella se acerca preocupada y pregunta por mí...

Sólo estoy malherido y desangrándome,
respondo mientras me sacudo el polvo,
pero se me cae un trozo de seso al suelo,
ella lo recoge y lo lame con cuidado,
como queriendo sorber mi energía...

Hay gente para todo,
desde mujeres que quieren colocarme un hijo
a hombres que sólo desean comérmela,
qué vergüenza...

Mas no libre de mácula
mejor callar.
Donde el esclavo alza el puño,
no en rebelión
sino en sumisión,
allí,
camino desnudo.

Su voz me llama,
cada mañana,
entre el tumulto,
mas no la veo
desespero...

¿Por qué?

La oigo otra vez.

¿Por qué?

Rompí la barrera,
subí la escalera,
no hay cielo
sino infierno,
mi cordura
es mi locura.

Una madre grita,
una bronca,
una paliza,
un niño llora,
el sonido de la noche
me ha vuelto insomne,
otro día ha amanecido,
repleto del vacío
de la voz del necio…

¡Silencio!

Quizá estaba loco,
quizá todavía lo estoy,
aquí,
sentado,
solo,
dejando volar el hoy
bromeo con el escocés
una y otra vez,
el tiempo pasa tan rápido
como el chasquido del látigo,
la herida que sangra
es en el alma,
quizá me he dejado llevar,
la inercia me arrastra
hacia un lugar al que no quiero ir,
es como si fuera a dar un frenazo,
pero demasiado tarde,
me choco seguro,
no sé si llevo puesto
el cinturón de seguridad
hasta que me estrello contra el cristal delantero,
entonces estoy seguro,
no lo llevo puesto...

¿Estoy vivo?

O estoy muerto,
me arrastro moribundo por el mundo,
desangrándome,
sufriendo,
sólo quiero drogarme
para mitigar el dolor,
y marcharme...

El tiempo pasa tan lento...

Parece ser eterno...

No sé ni en qué día vivo,
tampoco me importa,
otro grito,
alguien llora.
Me asomé, en busca de la luz del faro,
como si hubiera camino en algún lado.

Sólo perdí el tiempo,
el reloj corrió fiero...

Quizá el mar,
quizá llorar,
como cuando una espina se clava en el corazón,
recorrer a toda velocidad la escalera de caracol
y caer...

Caer encima de aquella mujer,
siempre tan petarda con su quiero y no puedo,
todavía estoy ahí,
atrapado entre tierra y cielo
como en un querer morir,
regurgitando viejos recuerdos,
sabiendo que no hay camino.

Puede que enfermo
o viejo cansino,
trato de avanzar,
mas no hay hogar
ni sitio al que llegar.

martes, 30 de octubre de 2018

Talaron los árboles,
arrancaron las flores,
ventisca en mi contra,
pedrisco en la cara,
sentado en mi banco
apuro mi última colilla,
mientras, las hormigas me hacen cosquillas.

Ojo mar rojo,
piel alfiler,
sé que quiero volver
a ahogarme en tu pozo.

No me mires
no sé qué dices,
no me hables
no sé qué haces.

No sé cómo no subes
ahí a las nubes
y te dejas caer
como si fueras llover.

jueves, 25 de octubre de 2018

Ni un grito, ni un lamento en la agonía de mi garganta.

Condenado a las sombras.

Martillo sobre yunque... Desespero.

Eres bocado de manzana.

Soy rey sin corona.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Mi sangre, va a suicidarse al pozo de la mañana,
ya no valoro, como antes valoraba, la palabra,
y si acaso algún día saliera el sol de algodón,
de que nos serviría, si el borrego el verde devoró.

Aquí, bajo el manto de hojas, las ramas hacen jirones el cielo,
sólo las hormigas saben que te echo de menos.

Tus mentiras, tus verdades, nuestras calamidades,
mi piel se vuelve escamas al navegar tus males,
los rayos de la tormenta, caen como condena,
lágrimas de lluvia mojan toda la leña.

Mientras escucho al hombre que lloró fuego
sus lágrimas encienden mis dedos,
gris mierda en la ventana,
miro hacia la nada,
empieza a llover carne muerta, abro la puerta
y ahí estás,
con los ojos para atrás,
encadenada a la pared,
con la lengua del revés
escupiendo espuma,
todos te llaman puta.

El amarillo de la ciudad quema como un cigarro entre los dedos,
todos están ciegos
no saben hablar,
el ruido entrecorta el silencio como un despertador,
es la hora de los necios, escucha su hedor,
gritos de alcantarilla
cortan como cuchilla.

Cantan los santos canciones de humo,
el infierno se acerca, el diablo sopla
palabras de azufre que queman mis ojos.

Robaste mi dinero
ya no podré coger el tren,
no hay monedas en el sombrero
no sé si podré volver.

El tracateo del olvido inunda mi garganta,
no voy a poder evitar el vomitar,
el sol quema la ciudad,
no crece ni una planta.

Silencio otra vez,
y el silencio me grita
las manos contra la pared
y el grito me irrita,
escondo la cabeza como el avestruz
y las hormigas devoran mis ojos,
todos me llaman loco
porque no veo la luz.

Bajo el gris, el cantor escupe una flor,
se rompió el cántaro, se escapó el pájaro,
tumbada en la camilla,
la boca llena de semilla,
no crecerá ningún árbol,
estoy lejos a tu lado
como la hoja vieja,
que vuela la calleja.

Tus lágrimas rasgan mi piel cuchilla,
baila la camisa en la brisa amarilla,
tras la verja crees estar cerca,
gira y aprieta la oxidada tuerca.

Su ojo fuego, cuchillo su dedo,
raja la madrugada,
quema la mañana,
palabra cristal salvaje,
sin querer amar,
hacia ninguna parte,
pisada de ciego al árbol del muerto.

martes, 16 de octubre de 2018

Tímida asomas tu belleza entre la maleza,
orgullosa te alzas entre flores borrachas.

Sola, sí, sola,
sin saber que al otro lado, hay más como tú.

El viento sopla en tu contra,
la lluvia te empapa
pero sigues luciendo tu corona,
tú, que eres una flor blanca.

Tú, que jamás te doblegas
tú, que siempre vas en cabeza
tú...

Tú, que eres una flor blanca,
tus raíces en la tierra se clavan
hasta hacerla sangrar.

Tú que respiras la brisa del mar
¿dónde olvidaste cómo llorar?

jueves, 13 de septiembre de 2018

Ella me mira desde la ventana,
como airada,
debe molestarle mi presencia...

Será el aroma a amnesia,
inunda mi cerebro,
me mantiene despierto...

Dormir, dormir,
necesito dormir más
soñar y dormir...

Despertar...

Hubo un tiempo, no hace tanto,
que eramos guerreros de la luz,
ahora que no estás tú
lloro cuando canto.

Por eso ya no canto,
sólo bebo y fumo,
como queriendo exprimir el jugo
de lo que queda de naranja.

Sí, es verdad,
hay quien me da la espalda,
pero no por maldad.

Me llaman perdedor,
incluso traidor,
nunca fui un ganador,
sólo tengo una fe.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Con el agua de un riachuelo
empapé mi pañuelo,
creí ser el lobo
a la caza de un retoño,
salvaje como la hache,
enmudecido por la madre.
Soy el lobo en el bosque, el trofeo del cazador,
mis manos rotas
luchan por permanecer en mi cuerpo, aún no ha salido el sol
las paredes sangran,
el techo habla,
el humo se va por la ventana, tú muerta
buscas comida en la basura,
han pisoteado tus rosas de abril
han arrancado las flores del jardín, fuego, fuego
el verde arde
la puerta arde,
tus ojos estallan sangre,
tu boca esputa putrescencia,
el dolor se vuelve insoportable, te llaman cobarde
mientras cuelgas del roble podrido.

He olvidado tu nombre, tu pelo,
tus ojos,
tus labios,
tu forma de decir si, he olvidado el cielo, el sol
las estrellas, las flores, el canto del pájaro.

Odio los ojos del sapo, la voz del pájaro muerto, el reflejo de la serpiente
la gran marea negra...

La palabra se pudre en tu boca, tu mirada es dolor o alegría,
la alegría de los muertos.

He de irme donde mueren los sueños,
donde el silencio es olvido, donde se rompen los huesos.
Encontré la puerta verde,
llamé tres veces,
como manda el canon
con la palma de la mano,
oigo el canto de un canario,
el ruido de un armario,
la puerta se abre
aparece un cadáver,
soy yo en mi ataúd
escarbando hacia la luz.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Me pidió una canción,
droga y amor,
yo le mostré el horror...

Puede que sea una persona malvada,
oscuro y retorcido,
o quizá un pobre enfermo...

Ella sabía bien,
como ron con mango,
canela en rama
su mirada.

Loca,
como todas...

Mas no libre de pecado
ataqué con rima sin pausa...

Olvidé
el ritmo
perdí el sentido.
El cielo ardía,
como el último trago de whisky,
el gorrión moría aplastado en la carretera...

Me puse la máscara de madera,
vi la naturaleza desnuda...

La boca llena de gangrena,
la paz de la guerra.

Ya no queda tiempo para respirar.
Dime, quién robó tus sueños,
te arrojó a la nada,
quién arrebató el alma
a tu frágil cuerpo.

Dime, si acaso no es el fuego
lo que quema tus manos como brasa de infierno.

Dime, quién sopla el viento
para que vuelen tan lejos,
todos tus deseos,
tus mejores recuerdos.

Dime, si esta noche
tallarás tu nombre
por todo el hielo
que dejó el invierno.

domingo, 29 de julio de 2018

Ay, Sol de primavera,
quién estuviera a tu vera,
cuando sopla Soledad
enfureciendo al mar,
cuando suena la trompeta
anunciando la tormenta.

Ay, Sol de primavera,
corren tiempos de guerra,
en este mundo
que gira sin rumbo,
enloquecida viene Hambre
asolando la calle.

Ay, Sol de primavera,
han levantado una verja
¿pasará tu rayo
al otro lado?
sin piedad viene Frío
a llenar su bolsillo.

Ay, Sol de primavera,
quédate cerca,
cuando venga Muerte,
con voz solemne
lo suyo reclamando,
tenme en tu regazo.
Rodeada de muerte, la primavera llora lágrimas de azúcar,
jamás volveré a soñar la guerra de las pinturas,
galopar a lomos del caballo blanco.

¿Dónde están los verdes prados?

Me miras con esos ojos de sapo a punto de croar.

Gritos.

¿Dónde están las flores?

Ha muerto el viejo chamán,
en alguna alcantarilla encontrarán sus huesos roídos.

Canta conmigo,
aquellas canciones de olvido,
volver a recordar volar sobre las nubes,
volver a recordar cómo me escupes.

Vomité palabras de amor al revés,
devoré las plantas carnívoras que crecían a tus pies,
me enamoré del fango otra vez,
arranqué las notas de la flauta al soplar a través.

Regué de vino mi dolor, aunque creáis que no, desapareció.

Ella siempre vuelve
con su mirada verde,
con la lengua entre los dientes,
cuidado que muerde.

El árbol, con su seca rama, entre quejidos me habla,
recuerdos de la anciana del bosque y sus hadas.

La araña teje,
otra hoja verde.

El perro aúlla,
su boca espuma.

El pájaro ya no canta,
me mira desde la rama,
como si yo tuviera la culpa de los huesos rotos,
como si yo no estuviera loco.

Arranqué el blanco para dejar salir el negro
dolor, sangre,
todo tornó agujero.

Otra vez la noche,
te llamo y no respondes,
somos escarabajos bajo el barro
gusanos aplastados en mi zapato,
mira como fornican nuestros cuerpos putrefactos.

Me siento en mi banco, espero,
no ver,
no comer,
no respirar.

Sombra en la pared
sombra en la ventana
sombra en la mesa
ella está en todas partes,
eyaculo pus sobre su cuerpo putrefacto,
los gusanos devoran la carne,
no tengo ojos pero veo
veo más allá,
donde las flores se pudren,
escucho como crece mi pelo
me hago viejo.

No sé a qué coño esperáis,
la tormenta ya ha empezado,
devoraros los unos a los otros.

La sangre escurre por mis brazos, escurre por mi cara,
la muerte me mira con ojos de sapo,
espinos atravesando mi carne, ceniza a la ceniza,
ríos de odio, fuego,
trona la noche,
humo negro a lo lejos,
ya huele a carne quemada, las putas bailan la danza macabra.

Ruidos de metal en la noche,
me quemo los ojos con una colilla,
ahora veo la risa de la raposa,
ahora veo la niña con el cuchillo,
sangre negra
sangre muerta,
atraviesa mi cuerpo con tu filo, verás que ya no sangro.

El sonido de los huesos rotos del perro atropellado,
canicas rotas rebotando contra el suelo de cemento,
la muñeca se deshace al calor de la chimenea,
una foto vieja, rota en mil pedazos, se refleja en el espejo.

La voz del vagabundo cabalga entre las sombras,
grito nocturno,
ya no hay música, sólo ruido,
el ruido de las ramas secas partiéndose al viento,
el ruido de la lata vacía pateada por el niño,
el ruido de sus uñas rasgando mi cara,
la hoja se arrastra por el suelo,
la cucaracha se aplasta bajo mi pie,
mariposas blancas fornicando entre las flores,
escupo las palabras de la noche.

No sé si muero poco a poco o vivo despacio,
con estas largas cadenas ancladas a un muro lejano,
no sé si son tus labios o si es el mar a donde quiero llegar.

Salir, a ver los jilgueros cantar,
acorralada por sus voces de cartón
engañada por sus palabras de papel,
quizá aún queda algo de esperanza para la música...
Me acerqué a la luz
creyendo que eras tú,
vi una gran serpiente arrastrarse por el verde
vi el fin de la mente, asediada por la peste.

Cuando la luz se apaga
despierta el hada.

Caminé entre la nieve,
sólo quería verte,
caí por la pendiente,
encontré un penitente,
me mostró un juego
que aprendió del fuego.

Nos sorprendió la muerte con su rostro inerte
al galope, de frente, cargamos inclementes,
su mirada, azul cristal ,no detuvo mi puñal,
que hinqué profundamente,
atravesé certeramente el corazón de aquel ente...

Fue entonces cuando alcancé a verte.
Whisky, muerte, enrollados en la sábana,
atrapado en la telaraña,
grita el mono tras su máscara.

Envidio la libertad, el mar, la soledad,
ojos cubiertos de mañana, sal,
la niebla, el monte, el bosque,
despertar sudoroso en la noche.

La rama, la rama del árbol cruje
cruje lamentos aunque nadie escuche,
levanta su voz colérica,
como en una alucinación lisérgica
esputa hojas secas,
remolinos de viento
cuentos de vieja,
nadie viene a lo lejos
ni siquiera el conejo,
el agua lleva mi esencia
como en una bolsita de té,
masturbado en el silencio del mirar sin ver.

Salvaje cuchilla que rasga como el viento.

Bombardeado de naturaleza
vi al ciervo,
se transformó en árbol perenne
el hombre gris lo trastocó inerte,
jodido hombre gris con su fuego,
a veces hasta yo tengo miedo
del tiempo que viene del lejano poniente.
Quisiera ser verso sangrante
devoto a la carne
marchar,
marchar con el frío,
olvidar el vino
como el que olvida un libro
volver,
volver con todo lo escrito
como el viento en otoño,
alzar el rostro
decir no quiero,
como miel en los labios
como humo de beleño.
Acariciar la noche como una sombra,
ríos de agua dorada,
flores salvajes estallan olorosas,
el silencio,
la soledad,
el humo
el éxtasis de la autocontemplación.

Deberíamos temer al todo,
volver a la nada
sin tiempo,
sin muerte,
sin odio,
sin amor.

Soñé caminar desnudo,
entre la gente,
había quien se escandalizaba,
quien no se inmutaba,
yo simplemente seguía mi camino
mas no había camino sino laberinto,
mendigaba unos tragos de vino
mi vergüenza se encogía con el frío.
Desperté erecto y dolorido,
con ojos de mapache,
no pude, aunque quise, levantarme,
eyaculé heridas de sangre
sangre brillante,
y ahí fuera la noche vigilante.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Lejos de aquí,
donde morir es vivir,
donde no hay destino
ni camino.

Ya no quiero nada,
tan solo enfundar la espada,
que pereza
volver a la guerra,
mi demonio
quedó en el manicomio
y ya hace mucho de eso,
de todo aquello...

Miré a sus ojos
brillantes como oro,
su rostro perlado,
pronto demacrado,
su figura,
en mi mente se dibuja
su falda de bailarina,
su danza de margarita...

¡Déjalo!

Grita mientras arranco sus pétalos...

Despierto,
como si me faltara el aire,
como si se me fuera la vida.

Como si llorar y reir fueran lo mismo,
como si ya hubiera estado en todas partes...

Ver el futuro,
condenado al fracaso
igual que tú,
en esta oscura tormenta,
donde ni los rayos alumbran,
me desnudo
y dejo que los lobos me devoren.