martes, 30 de junio de 2020

Sonrisa de niña,
bala perdida,
los violadores
rondan la noche...

Tú, yo, embargados en la emoción
de tan extraña situación,
solos,
embebidos en nuestros rostros...

El loco destino
ha movido sus hilos,
como cuerda de guitarra,
en la noche plateada.

Labios salvajes,
provocadora imagen,
muerto,
resucito en tu cuerpo.

Magia, diamantes
baila hipnotizante.

Sédame, bésame,
muévete, préndeme...
Antes todo era de color,
ahora, en un frasco de formol,
aunque a nadie le importe,
todo es gris y deforme.
A la sombra de la soga
caen las hojas de mi copa.

Ya es la hora...

Paredes manchadas de sangre de la inocencia muerta,
cristales rotos florecen en la oscuridad,
rosas rojas marchitas al instante.
Probé a mirar tras el cristal opaco,
todo se veía tan borroso...

Y poco a poco me volví loco
mientras veneraba al viejo dios Baco.
No necesito seguir un camino,
andar sin destino,
huir del perro
opresor de borregos.

No necesito su amor,
mucho menos su perdón,
arrojarme al precipicio,
buscar el principio.

Tú que tanto sabes,
dime si alcanzará puerto mi nave,
un único lugar
una sola forma de pensar.

Ya estamos otra vez, huir de Babylon,
cantar la canción,
la tierra prometida no existe
es solo un chiste.
Yo no tengo el poder de la voz,
quizá de la palabra el don.

A veces, gritar
como animal salvaje,
sangrar
como ser de carne.

Yo inmortal
quise ser,
quemar el matorral
toser.

Volver a empezar,
cantar,
como niño soñar,
reír de felicidad.
Atrapado
en un mundo de sombras,
tengo miedo,
a veces, incluso tiemblo.

Entonces aparece ella,
con su risa de hiena,
y parece que hay luna llena
pues aúllo salvaje a esta.

No sé si son los años,
pero...

Me hago viejo,
sigo siendo un animal
aunque ya
ni corro ni salto,
olisqueo las flores,
como queriendo desentrañar su intimidad,
y solo atrapo catarros,
la humedad del rocío
que se me mete por el hocico.

Se me revuelve el estómago
cuando pienso en aquello tiempos,
momento de locura,
de la mano de Dios aplastando sus criaturas,
y luchar, en pos de una imposible victoria,
hay quien se cree héroe,
yo, más allá,
ni lucho ni camino,
tampoco busco,
no es que me regodee en la antigua gloria,
mis manos aplastaron a mis enemigos.
Vuela el tiempo
en este tren directo al infierno,
nadie sale vivo
ni escapa a su destino.

A veces sonrío,
cuando acompaña el tiempo...

Volver a ser niño,
como contar un cuento...

Ya no sé si respiro
o este humo me vuelve ciego,
si camino
o simplemente llevar me dejo.

De pájaros repletos,
los árboles, a lo lejos,
dejan caer sus hojas al suelo,
vuela el tiempo.
Su lengua calcinada por la mentira,
sus ojos negros de envidia,
su cuerpo corrompido por la ira,
esquirlas de odio incrustadas en sus uñas...

En el psiquiátrico conocí a una mujer,
intentó hundir su pincho en mi garganta,
miré a sus ojos y sonreí,
más tarde se desnudó para mí,
vi sus profundas cicatrices,
comprendí,
primero la habían intentado matar,
después ella intentó suicidarse,
me inspiró ternura,
no quise acostarme con ella,
después intentó suicidarse,
pobre insensata, la besé
comprendió que no me daba asco su cuerpo magullado,
nos cogimos cariño...

A veces me pregunto si sigue viva.
Ella es un recuerdo borroso...

Lluvia ácida,
corro un mortal peligro de deshacerme.

Demasiado verde...

Polvo cósmico...

Me corto el pelo,
me arreglo,
parezco un tipo formal,
un metamorfo en la orgía capitalista,
corro peligro de extinción.

Él no me habla,
yo no hablo,
las palabras se pierden en mi cabeza.

Soy carne putrefacta,
pero sigo vivo,
vagando entre los bancos,
escuchando algún pájaro
mirando al árbol,
llorando entre las flores muertas,
creando basura...

Las colillas se amontonan,
lástima de botellas vacías...

Demasiadas farolas iluminan el camino,
pero yo busco la oscuridad,
la agonía del ser,
respirar muerte,
droga,
el sol negro,
el devorador de mundos,
no despertar del sueño profundo...

Necesito más droga.

La ausencia de alcohol en sangre mata más lentamente.

La ceniza lo ensucia todo,
el humo me turbia el cerebro,
como en los viejos tiempos
pero sin el escocés.
Sus ojos redondas galletas
que chorrean natillas,
sus labios mermelada de frambuesa,
su cabello el árbol de otoño.

Su imagen se dibuja en mi mente
como una creación infinita...

Yo solamente veo todo,
en todo nada no existe.

Mientras
la guitarra llora en un orgasmo sonoro,
hay quien sabe de lo que hablo,
también quien no tiene ni idea.

Hablo poco,
porque el que habla algo dice
y yo tengo mucho que decir
pero demasiadas pocas palabras,
aunque a buen entendedor
pocas palabras bastan.

El mundo es negro,
pero, aun así, prefiero verlo en color.

lunes, 29 de junio de 2020

¿Qué pasa amiga?

Hoy no sonríe la Luna,
el miedo te abruma,
lo huelo en la brisa.

Brilla en tu ojo
lágrima de sollozo,
la nieve azota tu cara,
tormenta de rabia
sobre tu espalda...

Y nada cambia.

Pasa la vida,
mañanas grises,
te agotan los días,
tardes tristes,
se apaga tu risa,
noches infelices.

Ay, ay, ay,
es lo que hay.

Hoy toca perder,
mañana...

Vete a saber.
Me temen.

Porque crezco libre,
porque pienso por mí mismo.

Me temen.

La represión es su herramienta,
cadena sobre cadena...

Ilusos.

Jamás podrán someterme,
jamás podrán detenerme.

Resurjo del lodo,
me doblo, me desdoblo,
atado al potro
me transformo.

¿Me deformo?

Me transfiguro.

Soy el puño
que golpea el muro,
soy el mundo
con forma de cubo.

Multidimensional.

Se me olvidó sangrar,
se me olvidó llorar.

En la fría oscuridad
habla el charlatán...

Y su silencio, me da miedo.

Vuelve a las raíces,
rompe las reglas,
sobre el tejado
mira la luz.
Me han pinchado,
inyectado su droga,
malditos bastardos,
deberían colgar de la soga...

Puede que en algún momento perdiera la razón,
sueño muerte y destrucción,
el horror.
A veces, perro negro,
abandonado en el desierto
como queriendo deshacerse de mis heces...

Yo solo busco mi verde,
en el silencio solitario de la noche,
hacia la luz amarilla
como polilla,
me estrello contra el parabrisas de tu coche,
quizá te maree la impresión,
pero mejor morir así, en busca de una luz,
que en esta prisión,
atrapado en un alud,
incomprensión,
crucifixión,
ellos salvadores
con sus trajes de señores...

Puede que haya días en que la añore,
como la añoré a ella,
tan bella
con sus trajes de noche y podredumbre,
acurrucados en la lumbre...

Infinita locura
que todo lo cura.
Quise llorar la muerte del guitarrista,
mas no pude,
su voz era llanto,
sus notas cuchillas,
desgarré mi voz
en un triste canto,
cuando la música acabó
muchos lloraron,
yo vagué perdido
en busca de mi banco.
Ya caló, con sus entrañas verdes,
patas arriba,
deslenguado y procaz,
ya arrampló con el muerto
nuestro andante caballero,
descalzo o desnudo
acometerá su destino,
pues no hay camino.

martes, 23 de junio de 2020

La gota resbala en la hoja,
la lluvia,
música,
improvisa en tromba.

Voy caminando, húmedo,
sin rumbo,
sin número,
perdido en otro mundo.

La sombra está ahí,
qué decir,
qué hacer,
si todo ha de renacer.
El cristal grita,
el viento silba,
la luna me mira
con extraña sonrisa.

Silencio,
siempre silencio,
yo esperando al ruiseñor,
la blanca flor.

Me miras con ojos mermelada,
mi carne está helada,
silencio,
siempre silencio.

Una vez fui árbol,
la brisa en mis hojas hacía cosquillas...

Yo no me parto, me doblo al viento,
dejo que la lluvia me empape,
me muevo hacia cualquier parte,
veo siempre el cielo.

Yo sé más que las bibijaguas,
llevo aquí una eternidad,
he visto la maldad
antes de que tú salieras del agua.
La tarde sabe a descafeinado,
huele a cigarrillo quemado,
quizá, dentro de un rato,
vuelva a estar en mi banco.
Podéis morderme,
podéis incluso clavarme vuestras garras,
no sangraré,
pues no vivo,
y esta ausencia de vivir, me provoca arcadas.

He olvidado el sonido de las palabras,
puto silencio,
trona escandaloso en mi cabeza,
quizá el 36,
nadie recuerda,
los muertos no se levantan.

Sigo perdido,
ofuscado en la singularidad del plural,
detenido donde todo ha sido
como contemplando un mural,
no nos queda ni la mar,
cada vez más putrefactos,
nunca acabaremos.
Sucio y decrépito,
de corazón corrupto,
es el héroe de nuestro tiempo...

Siento asco de la realidad.

Como un fantasma al vagar
a veces estaba ahí,
donde nadie más puede alcanzar,
tras un muro impenetrable,
ahogado en la soledad del whisky
y fumar,
siempre fumar,
como si no hubiera un mañana en el que despertar...

En aquel tiempo,
cuando las flores me hablaban,
todo era de color.

Ahora regurgito recuerdos
como queriendo hallar algo,
algo que nunca está,
tu palabra.

Quizá llorar,
pero la vida es demasiado dura,
no hay tiempo
ni momento
y la droga se esparce,
lentamente,
por la sangre.

miércoles, 10 de junio de 2020

Quizá el odio,
la rabia,
quizá la peste del no llegar,
no hay donde llegar...

Me comprimo, como si fuera diamante,
no hay nada,
ayer, apenas un borroso recuerdo,
hoy, la muerte,
mañana...

Mañana la resurrección.
No quedan palabras,
ni entre tú y yo
ni entre yo y alguien,
solo arrastrarse por el fango del capitalismo.

Cuando despierte,
espero no seguir,
no ser,
no estar,
olvidar,
empezar.

No importa quién esté,
solo o acompañado,
seguiré sin camino.
No quiero ser
ni estar,
no quiero correr
ni trajinar.

Quiero manchar mis manos con el barro de tu pena,
soñar sueños vagabundos,
oler tus rosas de abril al abrir la alacena,
pensar que no somos uno,
somos legión
preparando la revolución.