lunes, 29 de junio de 2020

A veces, perro negro,
abandonado en el desierto
como queriendo deshacerse de mis heces...

Yo solo busco mi verde,
en el silencio solitario de la noche,
hacia la luz amarilla
como polilla,
me estrello contra el parabrisas de tu coche,
quizá te maree la impresión,
pero mejor morir así, en busca de una luz,
que en esta prisión,
atrapado en un alud,
incomprensión,
crucifixión,
ellos salvadores
con sus trajes de señores...

Puede que haya días en que la añore,
como la añoré a ella,
tan bella
con sus trajes de noche y podredumbre,
acurrucados en la lumbre...

Infinita locura
que todo lo cura.

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