martes, 23 de junio de 2020

Podéis morderme,
podéis incluso clavarme vuestras garras,
no sangraré,
pues no vivo,
y esta ausencia de vivir, me provoca arcadas.

He olvidado el sonido de las palabras,
puto silencio,
trona escandaloso en mi cabeza,
quizá el 36,
nadie recuerda,
los muertos no se levantan.

Sigo perdido,
ofuscado en la singularidad del plural,
detenido donde todo ha sido
como contemplando un mural,
no nos queda ni la mar,
cada vez más putrefactos,
nunca acabaremos.

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