domingo, 25 de agosto de 2019

El amarillo de la ciudad se confunde con el amanecer,
toca volver a perder,
como siempre,
pero puede que todo cambie de repente.

Puede que no vuelva
a pisar la hierba,
el alcohol y las drogas
ya no me importan.

El pasado,
se va como el humo del tabaco,
por la ventana,
no queda nada.

viernes, 23 de agosto de 2019

Supongo que es la hora,
esa de las brujas,
cabalgar la locura,
despertar en el ahora.

En el fondo me importa un huevo,
sólo es cuestión de dejar unos versos
mientras el verde requema entre los dedos.

Hace tiempo que abandoné el banco,
las flores se secaron,
será que lloraron,
pero da igual lo que hago,
siempre vuelven por uno y otro lado.

Ella está aquí,
conmigo,
contigo,
pero todo tiene un fin,
lejos de aquí.

jueves, 15 de agosto de 2019

Las flores se hacen polvo entre mis dedos,
a veces te recuerdo,
sonrío en mi soledad,
sin voces que acallar,
me hago uno con el humo,
vago por la carretera en un viaje nocturno,
sin rumbo,
sin mundo.
Dejó de llover,
pude calentar mis manos con el fuego de una colilla,
una vez conocí a una mujer que escupía llamaradas por la boca,
qué tiempos,
cómo me gustaría recuperar el sabor del hielo rojo en mis labios,
pero despierto solo con un sabor metálico,
mis pensamientos se vuelven de lata,
no hay vino,
la espesura me grita tras la oscuridad,
como una llamada a lo salvaje,
pero ya no queda tiempo,
el humo se extingue entre mis dedos hasta no quedar nada,
he perdido la cuenta de las veces que he resucitado,
sigo girando como un viejo blues,
el olor a canela llega por la ventana,
la primavera estalla como napalm,
en la jungla racimos,
en el escritorio ceniza,
agua.

Necesitamos ir a la deriva,
donde no llegue el sonido de sus voces egoístas,
sí, solitarios, como las gotas de lluvia que resbalan por la ventana,
alcanzaremos nuestro todo,
resurgiremos del lodo,
donde nos olvida el vino y el Dada,
donde no alcanzan los colores
ni hay dolores...

Quizá encontremos una fábrica de chocolate,
o perdida, en alguna parte,
la máquina de hacer arte,
y posemos desnudos,
sin importar a nadie,
cuando muera la serpiente y todo cambie,
si, entonces,
donde la luz pierde su nombre,
quebrará la lengua del inocente
y quizá estemos frente a frente.
El camino,
cual divino,
mano en vino.

La hierba acaricia mi torso,
es un canto espiritual,
queda tanto camino...

Cogí un globo hasta el cielo,
desde allí me vi en el suelo,
no pude por menos que bajar,
ahí estaba, sin respirar,
me he visto tantas veces muerto,
el crujir del hueso,
no lo puedo evitar,
por más que trate de hacer la canción sonar.

Quisiera ser árbol caído,
seco lleno de vida,
un mar sin fondo,
un yo que desconozco.

Jamás olvidaré el olvido al que me somete tu recuerdo,
destierro de sino sin ritmo ni cuero, orgía de viento.

Ya acecha entre las flores la serpiente,
de la montaña río de agua,
verde veneno que atraviesa la mente.

Alcancé el sol,
más allá no había nada,
tan sólo yo como en una negra marejada,
lejos del mundo, de la realidad,
taciturno, quizá rapaz,
mas sin ninguna maldad
(tampoco bondad).

No hay oasis en el camino,
no hay camino,
no hay aquí
ni allí
ni ahora
ni entonces,
sin ruido,
sin voces.

Pasé demasiado tiempo encadenado,
el viento meció la hierba,
olvidé las palabras del dictado,
el frío de la carretera,
olvidé
por primera vez.

Cuando quise salir me esperaba una jauría,
me apedrearon, puse la otra mejilla,
todo fue a peor,
dolor, mucho dolor.

Salí a buscar no sé muy bien qué,
sólo sé que nada encontré,
aún cuando creí encontrar algo
vacía estaba mi mano.

¿No tienes miedo al aullar de la primavera?

Pronto los orates se levantarán,
el ojo que todo lo ve,
pronto perderemos la realidad,
huye, corre, ve,
trata de recordar,
no importa qué,
sólo respirar.

Bendita soledad que embriaga como agua dorada,
inflorescencias ardiendo en mis labios...

Mañana volver al desahucio social,
reirán como payasos,
me llamarán loco, me medicarán,
aislado en una celda,
con una camisa de fuerza,
no podrán detener la rebelión,
pronto llegará la revolución,
la era cuántica.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Abrázame guitarra
en esta noche helada,
como abraza la navaja,
lacérame otra vez
con tu tono bereber.

Llegó el silencio donde todo era música.

Relojes tatuados a fuego en el brazo,
como si a alguien le importara la hora,
como si alguna vez hubiera habido una república.

Su rostro es la inocencia descompuesta en ácido,
mis manos pintan de rojo su vientre desnudo,
nos revolcamos en un charco,
la cera se derrite en una ola de calor.

Cargada, lenta pero segura, anda la mula,
canciones tristes bajo la pálida luna,
fuego en los labios se va como humo,
el monóculo mira con bigote gatuno.

Ella es gente de plástico,
yo Sansón desmelenado.

Me gustaría abrazar
como abraza el que no quiere nada,
salpicarme de mar
como de una ola repleta de algas,
la espuma reluce con la luna,
los ojos se vuelven hormigas aladas,
tú, yo boquiabiertos,
esperando la soledad,
la soledad del no hay nadie,
del grito, del silencio,
puede que todo cambie,
que se acabe el tiempo del desprecio,
quizá nos encontremos frente a frente
cuando el espejo reviente.
Voy a ser cruel,
abandonarte en tu pecio,
dejarte en los labios la miel,
rodearte de silencio.

Volver a un mundo de dolor,
sin rueda ni motor,
solo yo solo
atrapado en un mundo de sonido roto.

No es algo de hoy,
es algo de tiempo,
de serpiente y barro revuelto,
olvidar quien soy.

El demonio las calles recorre
en la jodida noche,
subido en su carricoche,
con garras de alimoche.

Mira como me libero
de estas cadenas de preso,
como evito el cerco
y escapo de esos cerdos.

Qué locos estamos,
dijo al lobo el árbol,
el rey a la seta,
no necesitamos tus gracietas.

martes, 13 de agosto de 2019

El pájaro carpintero
con su incesante picoteo
no deja de taladrar el cerebro,
creo que ya habíamos estado aquí antes,
en ninguna parte,
donde el tiempo ya no late,
ciegos de mirar el multiverso...

Llamé para pedirte un último beso,
me colgaste como si fuera un abrigo viejo,
perro muerto de hambre,
mujeres jacarandosas en la calle,
amar, amarte.
Ya no da calor la lumbre,
todo se cubre de podredumbre,
quizá el olor a rancio
o el tiempo, que se vuelve lacio,
mas nada importa salvo el yo,
no hay camino,
no hay futuro,
ni lugar o posada,
no hay hambre,
ni sueño,
los charcos me saludan por las tardes,
los pájaros se posan en el banco,
tan lejos,
tan raído,
solo en su soledad.
Cuando la oscuridad
todo el mundo marchó,
quedé en la contemplación del yo,
nada fue igual...

De repente tú,
con tus lunas de tutú,
pagamos el precio de la ignorancia,
nos volvimos gente rancia.

El viento quiso soplar la canción,
pero la olvidó,
como nosotros olvidamos,
como ellos olvidaron,
entonces abrazamos el árbol,
nos hicimos salvajes,
tomamos extraños brebajes,
soñamos distantes paisajes.
Sus palabras son cuchillas
que rasgan mi piel,
arrancan mi deformidad sangrante,
desnudan mi carne,
su aliento, negro,
vaporiza mi pensamiento,
desgarra mi cara para mostrar mi rostro,
el metamorfo.
Sus ojos eran canicas rotas brillando a la luz de una vela vieja,
sólo somos notas sueltas buscando armonizar un compás,
entretanto la pared ennegrece con la sombra de la perversión
y mi pensamiento se vuelve espuma roja en una erupción volcánica.

Ojalá deje el pájaro de volar sobre las ramas secas,
crujen y parten en un inimaginable dolor,
soy el árbol hueco que el tiempo con sus despojos llena,
soy viruta desgraciada en un oxidado sacapuntas.
Cuando las horas se
                    despegan
la esquizofrenia me desvela,
intento alcanzar el sueño
y no puedo.

Yo soy el fuego que quema la carne,
yo soy el pájaro muerto en el vertedero,
el viejo borracho roba mis plumas
para escribir con ellas sus versos.

La araña está borracha,
del revés teje su tela,
el reloj cae en ella
y las horas se
                  despegan.

viernes, 2 de agosto de 2019

Sólo quedamos tú yo en el sendero vacío,
perdidos en ninguna parte,
transfigurados en arte,
palabras...

Marmórea tapa de mi sueño.

Yo resurrecto,
animal pútrido
oro a mi público,
ejercito de muertos.

Yonquis, borrachos, putas...

Valle de locura,
monte de prisión,
torre de dolor.

La realidad me abofetea,
despierto duermo, sueño despierto,
la verdad me golpea.

El orgasmo está a punto,
eyaculo, eyaculo palabras,
palabras en tinta colorada.

Descalzo en la ceniza el sueño grita,
cuerpo dormido lugar maldito.

En blanco y negro yazco muerto,
máquina asesina
que me da vida...

¿Vida?

Vida...

Danza la larva sobre la espiral.

Saluda la espada, yo, inmortal...

Bebo mi sangre, devoro tu alma, ser de carne...

En la ceniza descalza,
desnuda, grita puta sin alma,
carne podrida.

¿Vida?

Vida...

Tras el muro de Babilonia,
rodeado de zorras
que ansían mi polla,
atrapado en la paranoia.

Ojo opaco pleno de ajo,
dimensión novena a la espera...

Gritan, gritan
Alyakar
Alyakar...

Gritan, gritan ¿vida?
Quizá la luz que brilla es la de estrellas que ya están muertas,
hay gente con ingenio,
pero carente absolutamente de talento,
reptan como lombriz,
comen el lodo que encuentran a su paso,
serían capaces de cualquier cosa por fornicar con la fama.

Me dan asco.

Quiero ser un don nadie que baila por las noches con las musas,
que las cucarachas paseen por mi cuerpo haciéndome cosquillas,
que no haya puertas, ni ventanas, tan un sólo un muro largo
que me separe de la realidad, de las personas como ellos.

Estoy ciego.

Soy incapaz de ver las cosas más simples frente a mí,
fue bonito entrepasar las páginas y ojear sus letras,
lo reconozco, preferiría estar muerto...

Pero aquí sigo, arrastrándome por el lodo que dejaron.

Solía pasear entre sus grises troncos,
a veces las ramas sonaban quejosas, era hermoso,
el rojizo color del óxido
dejaba manchas en forma de hojas.

Me sentaba cerca,
a escuchar la música de los coches al pasar,
a olfatear la goma quemada en el asfalto,
y hasta que la luna asomaba permanecía mi canto juglar.

Quizá algún día olvide todo, era otro tiempo,
pero habrá de llover de forma desconsolada
para que se cubra de rojo mi antigua memoria de viejo.
Tú corazón sube hasta las nubes,
con mis besos vas al cielo...

Mas no te amaré.

¡Qué cruel!

Lo sé.

Sueñas conmigo,
encuentras un camino
y sigues
y persistes...

Mas no te amaré.

¡Qué cruel!

Lo sé.

Inventas excusas,
me buscas,
a voces me llamas,
sé que me amas...

¡Qué cruel!

No te amaré...