miércoles, 14 de agosto de 2019

Abrázame guitarra
en esta noche helada,
como abraza la navaja,
lacérame otra vez
con tu tono bereber.

Llegó el silencio donde todo era música.

Relojes tatuados a fuego en el brazo,
como si a alguien le importara la hora,
como si alguna vez hubiera habido una república.

Su rostro es la inocencia descompuesta en ácido,
mis manos pintan de rojo su vientre desnudo,
nos revolcamos en un charco,
la cera se derrite en una ola de calor.

Cargada, lenta pero segura, anda la mula,
canciones tristes bajo la pálida luna,
fuego en los labios se va como humo,
el monóculo mira con bigote gatuno.

Ella es gente de plástico,
yo Sansón desmelenado.

Me gustaría abrazar
como abraza el que no quiere nada,
salpicarme de mar
como de una ola repleta de algas,
la espuma reluce con la luna,
los ojos se vuelven hormigas aladas,
tú, yo boquiabiertos,
esperando la soledad,
la soledad del no hay nadie,
del grito, del silencio,
puede que todo cambie,
que se acabe el tiempo del desprecio,
quizá nos encontremos frente a frente
cuando el espejo reviente.

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