El camino,
cual divino,
mano en vino.
La hierba acaricia mi torso,
es un canto espiritual,
queda tanto camino...
Cogí un globo hasta el cielo,
desde allí me vi en el suelo,
no pude por menos que bajar,
ahí estaba, sin respirar,
me he visto tantas veces muerto,
el crujir del hueso,
no lo puedo evitar,
por más que trate de hacer la canción sonar.
Quisiera ser árbol caído,
seco lleno de vida,
un mar sin fondo,
un yo que desconozco.
Jamás olvidaré el olvido al que me somete tu recuerdo,
destierro de sino sin ritmo ni cuero, orgía de viento.
Ya acecha entre las flores la serpiente,
de la montaña río de agua,
verde veneno que atraviesa la mente.
Alcancé el sol,
más allá no había nada,
tan sólo yo como en una negra marejada,
lejos del mundo, de la realidad,
taciturno, quizá rapaz,
mas sin ninguna maldad
(tampoco bondad).
No hay oasis en el camino,
no hay camino,
no hay aquí
ni allí
ni ahora
ni entonces,
sin ruido,
sin voces.
Pasé demasiado tiempo encadenado,
el viento meció la hierba,
olvidé las palabras del dictado,
el frío de la carretera,
olvidé
por primera vez.
Cuando quise salir me esperaba una jauría,
me apedrearon, puse la otra mejilla,
todo fue a peor,
dolor, mucho dolor.
Salí a buscar no sé muy bien qué,
sólo sé que nada encontré,
aún cuando creí encontrar algo
vacía estaba mi mano.
¿No tienes miedo al aullar de la primavera?
Pronto los orates se levantarán,
el ojo que todo lo ve,
pronto perderemos la realidad,
huye, corre, ve,
trata de recordar,
no importa qué,
sólo respirar.
Bendita soledad que embriaga como agua dorada,
inflorescencias ardiendo en mis labios...
Mañana volver al desahucio social,
reirán como payasos,
me llamarán loco, me medicarán,
aislado en una celda,
con una camisa de fuerza,
no podrán detener la rebelión,
pronto llegará la revolución,
la era cuántica.
cual divino,
mano en vino.
La hierba acaricia mi torso,
es un canto espiritual,
queda tanto camino...
Cogí un globo hasta el cielo,
desde allí me vi en el suelo,
no pude por menos que bajar,
ahí estaba, sin respirar,
me he visto tantas veces muerto,
el crujir del hueso,
no lo puedo evitar,
por más que trate de hacer la canción sonar.
Quisiera ser árbol caído,
seco lleno de vida,
un mar sin fondo,
un yo que desconozco.
Jamás olvidaré el olvido al que me somete tu recuerdo,
destierro de sino sin ritmo ni cuero, orgía de viento.
Ya acecha entre las flores la serpiente,
de la montaña río de agua,
verde veneno que atraviesa la mente.
Alcancé el sol,
más allá no había nada,
tan sólo yo como en una negra marejada,
lejos del mundo, de la realidad,
taciturno, quizá rapaz,
mas sin ninguna maldad
(tampoco bondad).
No hay oasis en el camino,
no hay camino,
no hay aquí
ni allí
ni ahora
ni entonces,
sin ruido,
sin voces.
Pasé demasiado tiempo encadenado,
el viento meció la hierba,
olvidé las palabras del dictado,
el frío de la carretera,
olvidé
por primera vez.
Cuando quise salir me esperaba una jauría,
me apedrearon, puse la otra mejilla,
todo fue a peor,
dolor, mucho dolor.
Salí a buscar no sé muy bien qué,
sólo sé que nada encontré,
aún cuando creí encontrar algo
vacía estaba mi mano.
¿No tienes miedo al aullar de la primavera?
Pronto los orates se levantarán,
el ojo que todo lo ve,
pronto perderemos la realidad,
huye, corre, ve,
trata de recordar,
no importa qué,
sólo respirar.
Bendita soledad que embriaga como agua dorada,
inflorescencias ardiendo en mis labios...
Mañana volver al desahucio social,
reirán como payasos,
me llamarán loco, me medicarán,
aislado en una celda,
con una camisa de fuerza,
no podrán detener la rebelión,
pronto llegará la revolución,
la era cuántica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario