Ella está ahí, siempre,
recorriendo mi mente,
y la gente...
Va y viene,
toma cuanto puede
y miente...
No importa,
si el caballo galopa,
o la muñeca está rota...
Y vuelve,
a sonar la tetera que hierve,
a quemar el poema en mis dedos,
con ese extraño sufrimiento.
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