Me ofreció la oscuridad,
yo, que tanto la deseaba,
no dudé en abrazarla.
Los huevos de Ella pronto eclosionarán,
sus larvas me devorarán.
Hice una incisión con una cuchilla,
extraje uno de los huevos,
la larva se movía dentro,
viva...
Lo aplasté,
Ella vino a mí.
Me ofreció la carne,
yo, que tanto la deseaba,
no dudé en devorarla.
La sangre era abundante,
chorreaba hasta el teclado,
a nadie parecía preocuparle,
me levanté y fui al lavabo.
La sangre entró en el ojo,
vi rojo,
en el espejo,
pude ver su reflejo.
Me ofreció la garganta,
yo, que tanto la deseaba,
no dudé en atravesarla.
La cucaracha me mira desde la pared,
como queriendo hacerse entender...
Comen su carne pútrida,
su sangre borbotea negra,
alguien lo anuncia,
ha muerto el profeta.
Como si a alguien le importara
lo que un bicho pensara...
¡Cállate!
¡Márchate!
Grita la puta,
mas han de cobrar la carne,
para salvar al padre
ha de morir la alumna.
¡Déjalo!
¡Piénsalo!
Se proclama la negra
y se marcha ahí fuera,
a la putrescencia,
en busca de esquizofrenia.
Ben Aslam en la sombra
vela por ella,
no está cuerda
y nadie la duda otorga.
A'lyakar toma consciencia,
en un mundo de cristal
pierde su inocencia,
Ben Aslam es inmortal.
El hombre gris tenía armas nucleares,
destruía la Tierra
y no era bastante,
Ben Aslam máquina de guerra.
Soñó que era Dios.
Recuerdos con cariño de la muerte,
era su amante
y no era bastante,
Ben Aslam duerme en la acera.
Soñó que era el Sol.
Tengo que despertar
y quemar la ciudad,
tengo que caminar
hasta el próximo bar,
Ben Aslam empapado de alcohol.
Soñó que era Yo.
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