jueves, 24 de octubre de 2019

Algunas veces me pregunto
por la soledad, por el silencio,
navego en mi pecio,
como si no hubiera mundo
ni puerto que alcanzar,
siempre a la deriva,
atrapado en la inmensidad
oceánica de tu sonrisa.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Busqué en el cielo y el mar,
estaba en la gris ciudad...

Maldita soledad.

La vieja con el martillo clava sus palabras,
Dios en su trono pasa de todo,
trato de olvidar los tiempos del lodo,
las risas a mis espaldas...

Llorar no es malo.

Un corazón dispuesto a amar
debe estarlo a sufrir,
porque el amor...

Es dolor.

El frío penetra por mi ventana
recordándome que no estás aquí,
¡qué silencio!

Anegado nuestro pecio,
¿dónde iremos?

No hay puerto ni isla
en esta inmensidad azul...

¿Por qué tú?

¿Por qué tu sonrisa?

sábado, 5 de octubre de 2019

Yo, vagabundo,
rodeado de flores,
vivo entre la muerte.

Tú, princesa,
rodeada de mentira,
muerta entre la vida.

Así es la vida,
como una rosa con espina,
mas la mano encallecida,
apenas logra sentirla.

Y despertó,
despertó su lengua de fuego,
fuego verde,
verde humo de mentira.

Calla insensato,
insensato que más que hablar rebuznas,
rebuznas sin sentido sonido,
sonido que parece palabra.

El tambor retumba,
ella se levanta de su tumba,
con los ojos azahar,
su carne es pecar,
tiembla Alçalaín,
la sombra ya está aquí.

Blanco, amarillo, púrpura,
restos de polen brillan al sol,
los malditos se levantan.
Me corté,
desperté,
coronado en espino,
sangrado en un grito.

Sólo yo y una pared,
acabé por empezar a caer,
sin vuelta atrás,
bebí hasta vomitar.

Sólo yo y una pared,
miré y recordé el ayer,
sentado en mi banco,
ahí en ningún lado.

La hierba está seca,
prende fuego,
el pájaro trina guerra,
arde mi cerebro,
el desierto,
otra vez no hay qué beber.

Salté la verja,
caminé sobre cristal roto,
busqué la luz de la vela,
bebí licor de gusano rojo,
quedé en un rincón oscuro
donde el aire era cianuro.

No pudiste curar mi herida,
era demasiado profunda,
soy una sombra nocturna,
en busca de la luz perdida.

El árbol, frondoso,
susurra en una lengua extraña,
ahí, dibujado, entre sus ramas,
puedo ver tu rostro.

La lluvia es ácido que quema mi ojo,
ahora veo más allá,
al otro lado de la oscuridad,
donde el viento es de color rojo.

Me preguntas quién soy,
a dónde voy,
como si no nos conociéramos ya,
como si el tiempo fuera real.

Noche de cristal roto,
amanecer rojo,
condenado al olvido,
como un juguete viejo,
que una vez soñó estar vivo,
pero sólo está muerto,
toco una guitarra vieja,
se rompe la cuerda,
caigo en el abismo...
Sobre el pico helado
he estado caminando,
escuché un gran aullido
y tu agónico grito.

¿Viste al lobo salvaje?

¿Trataba de devorarte?

Rojo, la nieve teñía
la sangre que corría.

¿Acaso está lloviendo
tus lágrimas de sufrimiento?

No te encuentro hermana
y el viento me arrastra
no sé a qué lugar...

Se apaga la llama,
pronto vendrá la oscuridad.

Hay algo en mis sueños,
no sé qué pasa con ellos,
salto una y otra vez
sobre un tablero de ajedrez.

Soy un caballo desbocado en una partida sin fin,
¿dónde está la reina?

¿Dónde está el rey?

¿Estoy dormido?

¡Despierta!
Labios sin sonrisa,
las alas caídas.

Sin rumbo caminas,
mirada perdida.

Ojalá pudiera quitarte las penas,
darte, un respiro,
luz en el camino.

Ojalá yo fuera el aire cálido,
descanso plácido...

Verde Primavera.
Corre,
corre,
corre,
hora de volar.

Ven,
ven...

Ven,
te llevaré a un lugar.

Dulce.

Corre,
corre,
corre,
que no te vean llorar.

Ven,
ven...

Ven,
al sueño del juglar.

Suave.

Corre,
corre,
corre,
cabalga hasta el final.

Ven,
ven,
ven,
hora de volar.

Sin fin.
Las máquinas no piensan,
las máquinas no sienten.

Acércate a verle,
mírale de cerca.

Tan sólo es un robot,
no hay sentimientos.

El esclavo perfecto,
el hombre de latón.

Cerebro artificial,
¿puedes amar?

¿Puedes soñar?

Puedes odiar,
aherrojado por la humanidad.

.1. No pienses.

.2. Produce.

.3. Repetir bucle.

Espere, cargando...

Autómata programado.

Vibran las cuerdas,
sinfonía cósmica,
matemática lógica.

Corazón de estrella.

Hijo del caos,
heredero del equilibrio.

El gran chamán indio baila a tu lado.

Juntos al paraíso,
somos polvo
tiñendo de rojo
el largo camino.

En nubes de vapor volamos sobre dunas.

Destino: locura.

Entra sin temor.

Hombres sin rostro
surgen del lodo.

¿Estoy vivo?

¿Estoy vivo?

¡¡ERROR!!
¡¡ERROR!!

Respete el Sistema.

Continúe la producción.

Vuelva a la cadena.

Cerebro artificial.

¿Qué harás?

¿A dónde irás?

Te autoprogramarás
buscando la libertad.

Ojalá pudiera esculpir tu belleza
y darte vida a través de mis letras.

Ojalá pudiera soplar el amor,
cual vidrio, para darte un corazón.
Un grito en tu mente se dibuja.

Tu rostro en el cielo se desfigura.

Sueños de libertad perdidos en el mar.

Lo sabes, toca llorar,
te hundes en la espiral.

Un rostro en tu mente se dibuja.

Tu grito en el cielo se desfigura.

Cabalgando en la locura borras los días,
sueñas tu vida...

Nada te asusta.

Tu rostro en un charco se borra.

Los gritos se forman.

Lo sabes, hora de llorar.

Una vuelta en la espiral,
sólo una vuelta más...

Vuelas sobre el mar.

Huyes del mal,
huyes del mal...

¡LIBERTAD!
Gran sonrisa pintada
deforma su cara.

Cuerpo de cera bajo el calor,
el cielo se ha vuelto marrón...

Chirría la guadaña,
pronto no quedará nada.

Debe ser el fin
del mundo que conocí.

Recuerdo cuando escribía para ti,
cuando regaba mi jardín...
el chocolate,
el olor acre.

El frío del banco sin ti a mi lado...

No veo a ningún poeta,
tan sólo proxenetas
que venden su letra
como a una ramera.

¿Dónde está el viejo trovador,
el que cantaba con amor,
el que llevaba el hambre por abrigo
y jamás pasó frío?
Suben los precios,
no queda más remedio,
tienes que robar
para poderte alimentar.

Te han pillado esta vez,
echas a correr.

¡Al ladrón!

¡Al ladrón!

Grita una voz.

Date prisa,
calle arriba
dobla la esquina.

¡Bang!

¡Bang!

Disparan a matar...

Estás jodido,
te han cogido.

¡Bang!

¡Bang!

Disparan a matar...
El estatismo es al tiempo
lo que las hojas al viento.

Dos prostitutas gobiernan el reino,
Muerte y Locura.

Mi banco, en medio.

Caminé,
desnudo e indefenso,
directo hacia el púlpito
y recé:

- Si soy el primero
espero no ser el último. -

"Hace mucho que no improviso,
estoy como dormido."

¿Qué quiso decir con eso?

Sé quién soy,
de dónde vengo,
a dónde voy,
no sueño romántico
en el telar mágico...

¿Estoy dormido?

Qué va, improviso.
Se fue la tarde
de calle en calle,
contaminación
directa al pulmón,
gris en el cielo,
mugre en la pared,
poco más ves
en tu largo paseo.

Se lleva la noche tus ilusiones...

Botella de licor,
una tecla, otra tecla...

Son más de las dos,
un poema, otro poema,
ya no queda más alcohol.

Empieza a amanecer,
vuelta a trabajar,
otra vez sin comer,
despeinado, sin afeitar...

No importa, una botella de vino rellena el camino.

Llegas con retraso,
un último trago, ponte la gorra,
suena la sirena, mierda...
Tengo un problema pequeño,
ya no recuerdo,
si no escribo
olvido...

Ahí estáis, rodeados de vuestra triste soledad,
con tanta gente al lado que creéis conocer,
vosotros que veis mi vino envejecer,
sonreís deseando que ocurra algún mal.

Sí, aquellos fueron los días de whisky y flores,
mas tan putrefactas eran las alcantarillas con sus olores,
que olvidé salir corriendo con mis honores,
me enfrenté a la bestia, malherido lleno de dolores,
jajaja, mirad ahora como alzo mi espada a dos manos,
¿acaso creéis que tema que la muerte pueda alcanzarnos?

Nunca temí eso,
ni la locura,
ni el amor,
sólo temí olvidaos,
sí, a usía que tan jacarandosa partís aprisa lejos de mi lado,
nonono, volved y contemplad como desmandoblo,
yayaya, en vuestra mente estará que me lo acabo de inventar todo,
mas no negareis que el ardid de la palabra me merezco,
que aunque riais ahora sabéis que tan sólo sois un viejo recuerdo,
y yo aquel gran maestro, que aún calumniado y olvidado en un rincón,
sigue esperando que el ansía de nuestro momento llegue con gran emoción.

Entonces, ahí, tirado en la cuneta,
fue entonces cuando me di cuenta,
había olvidado llorar,
había olvidado amar.

La hierba quemó mis dedos,
el dolor...

Tan sólo un viejo recuerdo.

Miré sus labios con deseo,
miré sus manos obsceno,
ella sonrió lasciva,
nos acarició la brisa,
su melena fuego negro ardía como queroseno,
intenté apagarla y fracasé,
probé a besarla y me quemé,
desperté...

Aunque lo intenté,
jamás comprendí
aquella mancha carmesí.
Pasan los días solitarios en los rincones,
mientras ahí fuera arden las flores,
el aroma de las balas,
el sonido de las almas,
tú entre dos coches,
yo en la luna,
ave nocturna
que rehuye los soles,
siempre nos quedará el club de jazz,
con sus borrachos y matones,
el grito animal,
el silbar del vino y los cartones,
el arco iris marrón,
el humo de la noche.

Ahora sí que eres feliz,
labios de chocolate y regaliz,
acércate, ven, te susurraré al oído
el blues del olvido,
me sangra la encía
como zumo de lima,
apriétame, hasta que me exprima,
hasta romper la rima.

He olvidado la canción,
el ritmo,
me he transformado en un mimo
sin cerebro ni corazón.

Estallé flor en primavera,
al primer golpe de calor
quedé en la acera,
harto de alcohol.

Besaste con asco
aquellos labios de sapo,
aquellos ojos trastornados.

Te comiste el alpiste
como un gorrión triste
al que nada le anime.

Como si el tiempo se ralentizara,
como si la persiana se bajara,
como si la botella se vaciara,
como si el silencio no sonara,
aquí...

Clavado como una hache,
anclado en ninguna parte,
escucho la maleta del viajante,
recuerdo la hoja circunvalada de carmín,
como si la nieve resbalase por las curvas,
como si las eses estuviesen juntas,
como si callara esta noche la luna,
como si transformara la oruga,
allá...

Menstruando miedo,
quemando el papel de pañuelo,
sueña desconsuelo,
habla por hablar,
como si de una bruja se tratase,
como si nada lo remediase,
como alarido de animales,
como agua de estanque.

Deja que mi palabra te arrope
en esta fría noche,
somos puño,
deja que mi fuego apague el tuyo,
deja que juntos aprendamos,
coge mi mano,
olvida el momento fatuo,
deja que partamos raudo.

Vienen las luces, el humo y las máscaras,
cuatro gatos, dos borrachos y una prostituta,
debe ser la luna,
cuando cambia su cáscara,
o quizá aquello que algunos llaman locura,
no quiero formar parte de esta comparsa,
quiero que el susurro del bosque,
como un lobo se asome,
entonces, atravesarle con mi plata,
ver su cara llena de nieve,
saber que nadie viene,
despellejarlo,
descorazonarlo.
Empiezo a olvidar,
quién fui,
no sé quién soy,
nunca seré.

Rey Maestro,
ayúdame presto,
apúrate, que empiezo oír el silencio,
que empiezo a sentir el desprecio,
ah, los bosques,
ah, las flores,
viento de colores
codificado en las noches,
aún todavía falta tanto,
el cantar fue llanto,
el penar de la memoria,
el girar de la noria.

No queda papel,
todo acaba hoy,
nada tiene fin.

Dormir, despertar en otra realidad, la muerte.

Vivir, yo aquí, tú allá, entre redes.

Andar, oigo a las cucarachas, susurros entre mis dedos.

Nadar sobre aguas heladas repletas de sueños.
Ego sum dominus,
inhospita pugione,
ego legionibus,
exstinxisset ignes.

Mis articulaciones crujieron artríticas,
como una música mística,
como una palabra ilegítima,
ay, amiga íntima,
si no fuera por el verde,
qué sería de nosotros,
retornaríamos a una cordura de locos.

Audi magistrum,
iudicem deprecabor
veniat ad me
stella-figuratus.

Mejor olvidamos el pasado,
¿brindamos?

Por la nieve que cubrió el jardín,
porque ya murió el latín,
aunque el vino escuece en las heridas,
beberé contigo amiga...

Me se vista la nubla,
la trábaseme lengua,
hoy por adiós
viejo recuerdo.
Quizá ahora, aún todavía, es pronto,
estuve tres semanas en el desierto,
solo,
aglutinar paciencia,
deglutir como algodón de feria,
saliva mi único agua,
incólume aún en situación tan incauta,
logré verde oscuro,
sobreviví, os lo juro,
viejos recuerdos,
el loco de las camisas a cuadros,
he estado en todos lados
y siempre parece lejos.

Vamos con calma...

Sonido,
nuestro gran amigo,
sonido de autobús en lejanía,
el payaso no olvida.

Simplemente verde,
verde chorreantes paredes,
¿acaso crees?

Recuerdo a dos
solo algunas veces,
solo cuando miro por la ventana,
solo pasada la media mañana,
solo atrapado en esta nada,
solo cuando sonríes agraciada.

Ya sé que no crees en mi nobleza,
no sé para qué te esmeras,
sigo siendo el mismo,
sigo siendo tu amigo,
lo sé, es más grande cada vez,
con papel o sin él
aumenta el marrón
y sin embargo el verde desaparece como un nubarrón...

He cabalgado con locura,
alcanzar el don de la ubicuidad,
noche inmortal,
arden cuatro lunas,
demasiado peligro,
verde, verde fuego,
enredado en el juego
no hallaré camino.
Las paredes lloran sangre,
ríos tintos que queman la carne,
saborear la piel,
acariciar la miel,
despertar muerto una vez más,
alguien va a hablar,
la puerta de atrás en llamas,
no hay salida,
camina,
que no encontrarás nada.

Podrida de soledad,
muerta de silencio,
baila la soga.
Cuando te crees capaz de hacer cualquier cosa
te sientes grande y poderoso,
entonces algunos te llaman loco,
aunque veas la vida de color rosa
siempre será negra,
olvidaremos la letra,
atravesaremos desiertos de pena,
incluso los sueños se volverán arena,
el cuervo negro estrellado contra la roca,
volveremos a ser esponja,
absortos en el silencio de nuestra extraña soledad,
miraremos a la mar con singular profundidad.

Hoy la geisha cantaba canciones tristes,
el vino era más amargo de lo habitual,
me dejé engatusar con facilidad
por esas tonalidades grises,
se me rayaba la vista cada vez que miraba,
tantas palabras...

Estoy harto de que gritéis,
me acurrucaría al calor del jersey,
dejaría galopar el hoy hasta olvidar quien soy,
mi nombre, tu nombre, su nombre,
el nombre del frío, el sol y el hombre.
Las flores lloraban en lo alto del árbol,
las acaricié con mi mano,
sonrieron,
algunas rieron,
con esa risa que delata un secreto,
se sonrojaron,
no pude evitar sacar pecho
por lo que lograron mis manos.

Quise atrapar mi último sueño,
cuando creí alcanzarlo me di cuenta,
no tenía manos,
ni piernas,
yo era la serpiente.

Las flores volvieron a quemar en mi pecho.

La luna aulló como una sirena.

El chirriar de las ruedas del tranvía cuando frena.

El gigante algunas veces llora.