Tengo un problema pequeño,
ya no recuerdo,
si no escribo
olvido...
Ahí estáis, rodeados de vuestra triste soledad,
con tanta gente al lado que creéis conocer,
vosotros que veis mi vino envejecer,
sonreís deseando que ocurra algún mal.
Sí, aquellos fueron los días de whisky y flores,
mas tan putrefactas eran las alcantarillas con sus olores,
que olvidé salir corriendo con mis honores,
me enfrenté a la bestia, malherido lleno de dolores,
jajaja, mirad ahora como alzo mi espada a dos manos,
¿acaso creéis que tema que la muerte pueda alcanzarnos?
Nunca temí eso,
ni la locura,
ni el amor,
sólo temí olvidaos,
sí, a usía que tan jacarandosa partís aprisa lejos de mi lado,
nonono, volved y contemplad como desmandoblo,
yayaya, en vuestra mente estará que me lo acabo de inventar todo,
mas no negareis que el ardid de la palabra me merezco,
que aunque riais ahora sabéis que tan sólo sois un viejo recuerdo,
y yo aquel gran maestro, que aún calumniado y olvidado en un rincón,
sigue esperando que el ansía de nuestro momento llegue con gran emoción.
Entonces, ahí, tirado en la cuneta,
fue entonces cuando me di cuenta,
había olvidado llorar,
había olvidado amar.
La hierba quemó mis dedos,
el dolor...
Tan sólo un viejo recuerdo.
Miré sus labios con deseo,
miré sus manos obsceno,
ella sonrió lasciva,
nos acarició la brisa,
su melena fuego negro ardía como queroseno,
intenté apagarla y fracasé,
probé a besarla y me quemé,
desperté...
Aunque lo intenté,
jamás comprendí
aquella mancha carmesí.
ya no recuerdo,
si no escribo
olvido...
Ahí estáis, rodeados de vuestra triste soledad,
con tanta gente al lado que creéis conocer,
vosotros que veis mi vino envejecer,
sonreís deseando que ocurra algún mal.
Sí, aquellos fueron los días de whisky y flores,
mas tan putrefactas eran las alcantarillas con sus olores,
que olvidé salir corriendo con mis honores,
me enfrenté a la bestia, malherido lleno de dolores,
jajaja, mirad ahora como alzo mi espada a dos manos,
¿acaso creéis que tema que la muerte pueda alcanzarnos?
Nunca temí eso,
ni la locura,
ni el amor,
sólo temí olvidaos,
sí, a usía que tan jacarandosa partís aprisa lejos de mi lado,
nonono, volved y contemplad como desmandoblo,
yayaya, en vuestra mente estará que me lo acabo de inventar todo,
mas no negareis que el ardid de la palabra me merezco,
que aunque riais ahora sabéis que tan sólo sois un viejo recuerdo,
y yo aquel gran maestro, que aún calumniado y olvidado en un rincón,
sigue esperando que el ansía de nuestro momento llegue con gran emoción.
Entonces, ahí, tirado en la cuneta,
fue entonces cuando me di cuenta,
había olvidado llorar,
había olvidado amar.
La hierba quemó mis dedos,
el dolor...
Tan sólo un viejo recuerdo.
Miré sus labios con deseo,
miré sus manos obsceno,
ella sonrió lasciva,
nos acarició la brisa,
su melena fuego negro ardía como queroseno,
intenté apagarla y fracasé,
probé a besarla y me quemé,
desperté...
Aunque lo intenté,
jamás comprendí
aquella mancha carmesí.
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