martes, 2 de julio de 2019

Abracé el viento
como el mar la roca,
marché caduco,
forniqué el camino,
volteé sobre la brújula a través del espejo,
perdido en el jardín de abril,
rodeé las espinosas lacerado de manos y rostro,
mas cuál es el camino si no hay andar,
la herida, la sangre, bofetadas,
caer por la escalera con gracia de bufón
y quién sabe si la muerte,
la verdad, la mentira,
perdidos en la forma áurea,
encontrados en la ola verde,
negro el gran desconocido.

Las paredes chorreaban sangre,
como la última vez que viniste a visitarme,
las arañas tejieron su telar
y el viento, que no sabe callar,
dijo basta ya,
así sonó la guitarra, con su partida alma,
como queriendo significar que no ha pasa nada,
pero la serpiente no deja de intentar morderse la cola,
yo me hago el loco, tú te haces la loca,
notas prohibidas de saxofón,
empezamos a recordar la canción,
la textura se vuelve compleja,
como el reflejo de una moneda,
millones en una lente convexa,
escupí en la cara de la rubia
que escondía sus encantos bajo la túnica,
entonces fue cuando se detuvo la música,
no era causa pública,
estaba en un prostíbulo,
sin mi traje ignífugo
puse a prueba el fuego,
quemaduras en el cuello,
hay cosas que no se pueden decir,
por eso perdí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario