martes, 16 de julio de 2019

Ella habló en infinitas lenguas,
yo escuché sordo,
embobado por el silencio de sus ojos,
navegué más de cien leguas,
encontré la tormenta,
nieve derretida al calor,
agua que evapora lenta...

Brilla un resplandor,
a lo lejos suena la campana del faro,
quizá aún hay esperanza de galopar la sabana,
yo, maestro,
yo, león,
yo, fuego,
yo, horror,
devoro su cadáver,
degluto su sangre,
eyaculo muerte,
trastorno demente,
echo mi red al silencio océano,
como una pútrida flor
arranco los pétalos
de algo llamado amor,
se apaga la llama,
como una música lejana,
como una voz que canta,
como una cuchilla que rasga el alma,
como un grito gutural...

Se detuvo el tiempo,
mas no mi cabello,
salvaje negro...

Igual sigo siendo yo mismo
y nada ha cambiado,
todo sigue igual,
salvo la serpiente
que se enrosca nuevamente
y se lleva el viento la simiente,
es la fiesta de arlequines,
todos con su máscara derretida,
putrescencia que resbala como lágrimas.

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