domingo, 30 de junio de 2019

Soñé,
con un hombre gris,
tenía armas nucleares
y no era bastante,
máquina de guerra,
destruye la Tierra.

Soñé,
que olía a jazmín,
eras mi amante
y no era bastante,
muñeco de piedra,
duerme en la acera.

Soñé.

Soñé que era el Sol
empapado de alcohol,
tengo que despertar
y quemar la ciudad,
tengo que caminar
hasta el próximo bar.
Perros de presa
con largas cadenas
ladran en la verja.

Te escondes tras ellos
mientras marchitas,
secando tus sueños,
viviendo una mentira.

Y te sigue doliendo
ay, el alma,
cada mañana
cuando despiertas...

Tiras de anfeta
y estás preparada
para tu jornada,
empieza la carrera.

Te asusta el Sol,
con un poco de coca
alivias tu dolor,
entre las sombras,
te sientes viva,
después lloras,
no resucitas
a base de drogas.

Y te sigue doliendo
ay, el alma,
cada mañana
cuando despiertas...
Muñecas de trapo
atrapan el viento
saltando la comba
entre las flores.

Sueñan dos hombres
con notas,
en el tiempo
olvidados.

¿Te acuerdas de ayer?

Paseábamos en el parque
sin miedo a la lluvia.

Estrellas en los ojos,
reíamos con alegría,
éramos libres.

Hoy somos escarabajos
jugando en el barro,
descalzos corremos
sobre el invierno
ajenos al secreto.

Están construyendo
una horca para los dioses.

Recuerdo, que te llamó el viento,
fuiste con él sin miedo.

Árbol desfoliado,
en las ramas
el gran aliento,
bosque sin hadas...

Dama de los bosques
no me abandones.

¿Dónde te escondes?

Ven, cúbreme de ocre.
Sombras en la pared
que nadie ve.

En el sótano, voces
que nadie oye
ululan dementes.

El humo se extiende,
canto espiritual,
comienza el ritual.

Suben lentamente escaleras en espiral
hacia el más allá.
El suelo arde a mis pies
y el Sol, es tan cegador...

Veo una blanca flor,
oasis donde apagar mi sed.

Veneno de espejismo,
sueño de loco
que lleva al ahogo.

Cruel castigo
morder la arena
de mi pena.

Extraños senderos me encuentro
en este desierto.

¿Será alguno el camino
que lleva al paraíso?

Martirio de calor,
ola de fuego
rompiendo en mi pecho.

¿Y mi ángel salvador?
En la cuerda del laúd
brillará nuestra luz,
seremos pájaro azul
volando hacia el sur,
si me olvido,
dame el ritmo
del canto divino
que lleva al vacío,
en los rayos del Sol
sonará la canción,
seremos calor
a golpes de amor,
si te olvidas,
haré las melodías
de notas prohibidas
que tanto ansías,
tierra seca,
flores marchitas
es cuanto queda
desde tu partida,
anhelo tu mirada,
el rojizo atardecer
en tu melena,
la caricia de tu piel...

La suave danza de la hierba
al crecer en nuestra pradera,
por ti, esperaré...

sábado, 29 de junio de 2019

Sentí el frío del banco en mis posaderas,
no sabía si había transcurrido
mucho tiempo
o poco,
permanecía inmóvil todavía,
mientras,
decenas de desconocidas siluetas
se sucedían como un rebaño de ovejas,
todo parecía seguir su curso natural,
me sentía ligeramente mareado,
aunque era una sensación agradable,
una gota de agua rozó el cigarrillo de marihuana
que colgaba de la comisura de mis labios,
chisporroteó levemente,
aún humeaba,
aspiré fuertemente,
mientras la lluvia se acrecentaba,
a paso de tortuga,
lenta,
pero constante,
y exhalé el humo...

La realidad se hacía presente,
de forma irremediable,
como siempre,
de entre todos los rostros inertes
que pasaban frente a mí,
uno cobro vida,
era familiar,
muy familiar,
se acercó a mí,
se sentó a mi lado,
con una voz medio gangosa
me dijo,
"eh tío,
¿me das un poco de eso que fumas?"

"Claro, acábatelo,
¿eres puta?"

"Veinte."

Me pregunto
cuánto tiempo estuvimos
observándonos
antes de que se acercara,
me hago demasiado viejo,
demasiado viejo
para esta mierda de vida.

Vacié la botella de whisky,
no fue difícil,
dejé al frío acariciar mi cuerpo,
desperté muerto…
El roce de las hojas secas sobre mi cara me hizo espabilar,
pequeños montones de caducas caracoleaban a mi alrededor,
el viento venía fresco,
salvo el susurrar de los cúmulos danzantes
nada era audible,
me levanté,
entonces me percaté
de la asombrosa longitud
que tenía
mi barba,
¿tanto había dormido?

Era imposible,
aunque,
sinceramente,
los caprichos de la naturaleza
se me hacían
más incomprensibles cada día,
me encaminé a la ansiada
cabaña de Alçalaín,
he de reconocer que,
a pesar de tener cierta idea
de donde me encontraba
y por donde tenía que ir,
fue harto difícil encontrarla,
nunca imaginé que se hallara tan recóndita,
pero, ante su letífica visión en la lejanía,
con avidez aceleré mi paso,
la distancia se iba reduciendo,
cuando algo empezó
a inquietarme,
no sé,
era una extraña sensación,
me oprimía el cerebro,
como si las cosas no fueran bien,
la más profunda y conturbante oscuridad,
que ni en la peor pesadilla
humana hubiera podido
existir,
invadió el lugar,
el ambiente se cargó de putrescencia,
entonces apareció,
Ella,
su cabello era el fuego,
su rostro la tormenta,
desprendía un frío helador,
era escalofriante,
no podía distinguir sus ojos
pero tenía la impresión de que
me miraba,
incluso me pareció que sonreía,
algo similar a una voz resonó en el aire,
un haz de luz comenzó a brotar de mis manos,
se agigantaba de forma asombrosa,
hasta que un gran fulgor cegó cuanto había,
el quejumbroso alarido que emitió aquel ser,
que haciendo alharacas se disipaba,
reverberó largo tiempo,
cuando la luz redujo su intensidad
todo volvió a la normalidad,
salvo una cosa,
mi pelo ahora era blanco puro,
mis ojos negro absoluto,
incólume al fin y al cabo tras singular encuentro,
comprendí que una plétora
de sentidos poco corrientes,
quién sabe cuánto tiempo aletargados,
se encontraban ahora activos
en toda su capacidad,
por primera vez,
tomé consciencia de mí mismo.
Con una sonrisa abandonaste la vida,
a todos diste la espalda,
se acabaron tus palabras,
tan sólo llevas un báculo
para salvar el obstáculo,
caminas descalza,
colchón de cartón,
hambre que mata,
frío y dolor,
miras tus ojos en el espejo roto,
hilos luminosos quiebran
el tiempo en tu cerebro,
llueven pétalos
en el laberinto de Dédalo,
la bestia acecha,
ya se acerca
la gran tormenta
de rosas negras,
tienes miedo,
se enrosca la serpiente,
aprieta el pulmón
hasta dejarte sin aliento,
su ojo hipnótico
atraviesa tu mente,
indefensa,
inmóvil,
muerde
muerde
muerde,
traga sin compasión,
la gran espiral verde,
llueve,
llueve sin parar,
el viento empieza a rabiar,
vagas por la calle con trapos viejos,
todos te miran de lejos,
no hay quien te hable,
se fue el sol,
se fue el calor,
sigues tu camino a pesar del frío,
el barro te ensucia,
sigue esa lluvia,
la luz se desvanece en tus ojos inertes,
al suelo caes,
sueño interminable,
sigue girando la espiral,
directo al infinito va tu loco destino,
¿llegarás?

¿Llegarás al final?

¡Despierta!

Jinete de la noche,
coge tu capa negra
y parte a galope,
rompen las olas contra la luna,
los árboles murmullan,
en el bosque de metal,
tras la niebla espesa,
sigilosas se acercan
garras oscuras,
vuelve a cabalgar,
reina de las sombras,
llena el pozo,
lanza al vacío
desgarrados gritos
de cristal roto,
sacia tu alma,
brasas bailando sobre la cama
donde has soñado,
vuelve a cabalgar en la nube roja,
hilos de telaraña cubren tus ojos,
gota a gota,
un charco,
no ves nada,
gota a gota,
el pozo,
gota a gota,
detrás de los muros todo es oscuro,
apartada del mundo,
vuelve a cabalgar,
encuentra el secreto perdido en el tiempo,
en la oscuridad,
cabalga deprisa hasta la cima,
muñecos de plastilina,
sueños de chicle,
tu sonrisa se extingue,
soplo incandescente en tu mente,
cruza los arcos como un rayo,
buscando el trago de gotas de rocío,
lágrimas de dragón
acariciando una flor,
galopa hacia el vacío,
rápido
rápido
rápido,
golpe de látigo
hasta sangrar,
te oigo gritar,
ser atemporal,
cruza el portal,
vuelve a cabalgar,
flota como el humo
y rebasa los muros,
vuelve a cabalgar
reina de las sombras,
hasta que llegue tu hora,
vuelve a cabalgar.
Me encontré golpeando mi cabeza contra una pared,
pero no me hacía daño,
estaba acolchada,
tenía los brazos cruzados,
fuertemente sujetos a la espalda,
era imposible soltarse,
golpeaba sin cesar mi cabeza contra la pared,
no era realmente consciente de quién era,
ni donde estaba,
cómo y por qué había llegado a esta situación,
me puse en pie,
observé a mi alrededor,
había un espejo enorme
me acerqué,
horrorizado comprobé
que no me reflejaba en él,
me arrojé contra el espejo,
impacté fuertemente con mi rostro,
sin duda me había fracturado el tabique nasal,
la sangre manaba en abundancia,
sentí como un azote huracanado,
mi ropa se desgarró mostrando mi desnudez,
el espejo se iluminó con un tono amarillento,
posé levemente un dedo sobre él,
ondeó,
como el impacto de una diminuta piedra sobre un tranquilo lago,
volví a lanzarme con furia,
al otro lado del espejo buceé en aguas heladas,
el aire me faltaba,
pero continué, braceando con fuerza
en busca de la superficie,
casi cuando creía fallecer emergí
sobre las aguas de un río,
con tanta fuerza que floté
al menos un metro por encima,
me acerqué hasta la orilla,
ahí descansé,
poco a poco recuperé el fuelle,
hacía frío,
el cielo adquiría los tonos del atardecer,
el lugar donde me hallaba,
resultaba familiar,
había estado antes,
sí,
estaba al lado del bosque donde vivía Alçalaín,
eso me llenó de entusiasmo,
felicidad,
lo había conseguido,
podría descansar en paz a su lado,
por fin,
todo sería como antes,
incluso mejor,
la abrazaría,
la besaría,
reiríamos,
cantaríamos,
ella bailaría al son de mi flauta...

En mi dulce sueño dormí,
plácidamente,
al otro lado,
sí,
al otro lado.
Cerveza,
vodka,
whisky,
volaban día tras día,
podría haberme emborrachado con mi propio sudor,
por más que me esforzaba
no había forma de abrir la dichosa puerta,
siempre estaban cerradas,
una detrás de otra,
pronto se volvió algo tedioso,
caí en la desidia,
el agotamiento se presentó ante mí,
martilleando mi cerebro con cuatro acordes de cuerda,
mi vista perdió definición,
sin darme cuenta,
caí en un estado de extrema embriaguez,
yací en el suelo,
mientras,
el mundo giraba sin cesar,
en el girar
una gran espiral áurea
emborronaba mis ojos,
su centro
me atrapaba,
taladraba mi mente,
flashes,
como recuerdos extraños,
se sucedían a calambrazos,
me erguí,
lento pero seguro,
me tambaleé hasta la taza del váter,
expurgué mis entrañas con amplia sonoridad,
quizá me excedí en el mal comer
y mucho beber,
o puede que estuviera enfermo,
o simplemente era un pobre enfermo,
como solía decirme Alçalaín,
su recuerdo me fue grato,
me revigoricé,
me propuse abrir esa maldita puerta de una vez,
estuviera donde estuviera en el espacio-tiempo
volvería a dar con ella,
necesitaba volver a verla,
sentirla cerca de mí,
como en los viejos tiempos,
verde,
verde,
ése era el color,
verde,
empecé a garabatear
poco a poco la puerta cobró forma,
entreabierta,
tras ella sólo había negro,
fui rectificando el dibujo,
la puerta se abría,
cada vez más,
y más,
hasta quedar de par en par,
sólo había negro,
la nada adquirió vida,
parecía que vibraba,
me enganchó un brazo,
empezó a absorberme,
lentamente,
el negro se extendía por mi ser,
me devoraba,
arrastrándome al vacío,
no quedó nada de mí,
la puerta se cerró por sí sola.
Por aquel entonces
empezó a frecuentarme un tipo extraño,
siempre se quedaba mirando lo que pintaba,
esperaba a que terminara,
luego se marchaba
sin más,
un día se acercó hasta mí,
posó su mano sobre mi hombro,
al parecer le inquietaba algo sobre mi pintura,
"amigo",
dijo con voz sosegada,
"llevo mucho tiempo observándole,
más del que cree,
sabe qué,
siempre dibuja una puerta,
en algún sitio de su pintura,
incluso en lugares poco comunes para una puerta,
además,
esa puerta siempre está cerrada,
¿piensa abrir alguna?"

Le miré como si no hablara conmigo,
me encogí de hombros,
seguí con lo mío,
no se dio por vencido,
insistió,
"amigo", dijo nuevamente,
"quiero que abra una puerta para mí,
le pagaré bien,
le acogeré en mi casa mientras dure el trabajo,
¿no le hace la idea?"

Recogí mis cosas,
dándole a entender que estaba dispuesto,
él, contento, me llevó hasta donde vivía,
era una zona muy lujosa,
estaba claro,
iba a estar cómodo una buena temporada,
me enseñó el lugar donde quería la puerta,
era una pared blanca,
dudé sobre la estupidez de aquel hombre,
mas no me incumbía,
pagaba bien,
por lo tanto,
me dispuse a desempeñar mi labor.
Quizá me obsesioné
la primera vez que dibujé su rostro,
sí,
la ninfa de mis sueños,
Alçalaín,
empecé a dibujarla,
una y otra vez,
de forma casi enfermiza,
algo se había perdido en el camino,
estaba convencido,
necesitaba volver con ella,
por eso la dibujaba
como una extraña forma de revivirla,
de llegar hasta ella,
atravesar el invisible muro que nos separaba,
posiblemente los largos días de ingesta de alcohol
habían hecho estragos en mi pobre mente,
pero,
¿y si consiguiera derruir la
realidad?

Controlar la fantasía a mi antojo.
Mil rostros cubre la máscara
bajo la luz de la lámpara,
payaso de un circo surrealista
que una vez tuvo vida.

Llevaba demasiado tiempo
tocando la flauta
en las calles,
no me encontraba con fuerzas
para seguir con ello,
cogí un trozo de papel,
lo emborroné con algunas palabras...

"En una prisión de blancas paredes
se pierde mi mente,
me puede el dolor,
desespero,
oh, joven ninfa,
dime, dónde habitas,
busco sin descanso
nunca te hallo."

Enseguida comprendí que no comería de esto,
tan sólo era negro sobre blanco,
decidí probar suerte con la pintura,
nunca me había dedicado a ello,
pero resolví la adquisición
de varias tizas de colores,
de forma un tanto irregular,
empecé a vagar por las aceras,
de vez en cuando daba con algún hueco interesante,
verdaderamente mi técnica era lastimosa,
mis manos,
escuálidas y temblorosas,
se iban volviendo arco iris,
a duras penas lograba sacar dinero,
hambre y frío eran compañeros habituales,
pero seguí el camino,
algo dentro de mí necesitaba salir,
aunque sinceramente,
ignoraba qué,
el tiempo galopaba feroz,
los días se iban,
mentiría si dijera que fueron fáciles,
mas si fue cierto que mi habilidad se acrecentó,
la tiza se convirtió en una extensión de mi cuerpo,
alcancé la capacidad de plasmar mi mente,
no,
no me hice rico,
ni famoso,
es más,
la gente pisoteaba mi obra sin compasión,
pero al menos podía mantenerme,
gracias a las monedas que dejaban algunas almas.
La letra torcida
quedó en la pared,
aquel que mira
no puede ver.

Sueño que me corto las manos,
entre gritos te llamo,
no respondes,
te escondes,
no sé si podré seguir tecleando,
manchar las hojas,
dibujar mariposas rojas
que vuelan entre las rosas,
mientras gira la noria
el whisky borra mi memoria
no te recuerdo,
ni quiero.
Tú, orgullosa de ser borracha,
te arrastras como una cucaracha,
arráncate los ojos
y deja de mirarme...

Pinturas de guerra en la cara,
las sirenas aúllan,
ahogada en la arena
de un mar sin playa...

Deja que el filo raje tu garganta,
escupe palabras de sangre,
con los brazos amarrados
golpea tu frente contra la pared...

Las serpientes anidan en tu cabeza,
arrinconada en la ceguera,
tu cuerpo de madera,
tus ojos de cera
arden en la hoguera.
Juegan los marrones con el blanco sobre el verde,
el árbol se pudre anciano,
ya no se posan los pájaros,
a lo lejos suenan clarines
que se confunden con el viento.

Somos dos gotas negras
difusas en el agua desteñida
por el amarillo de las farolas,
las aves sobrevuelan nuestra carroña
mientras el cielo enrojece,
la luna se esconde entre los puentes,
las flores se pudren,
al amanecer, bajo el árbol del ahorcado
donde tallaron los pájaros tu nombre.

No quiero volver a las horas de la luna,
jugar, perder
la voz de la locura.
Hoy he visto la luz
y mis ojos sangran
sombra y ceniza,
las cucarachas ya no me adoran
mas la muerte me amamanta
con su putrescencia,
un cigarrillo, otro...

Ya no queda oro,
sólo el lamento del perro moribundo.
El viento arrancó las flores,
otras crecieron llenas de olores,
de los más variopintos colores,
entre todas ellas el verde,
una lagartija sale y me muerde
yo también me convierto en verde,
recordé el ritmo maldito,
recordé el sonido prohibido,
bailé al son de los muertos,
bailé sobre tu cuerpo.
Me retuerzo,
yo soy la serpiente,
mírame y sabrás que no miento,
el humo se lo lleva el viento,
mírame, yo soy la serpiente,
me enrosco hasta el cielo
bajo hasta el infierno,
todos quieren mi muerte.
He sentido la cuchilla
sobre mi piel,
la realidad
me absorbía hacia la tristeza,
el silencio
era frío,
la ignorancia
sobrepasaba al conocimiento.

La verdad es que no he hablado con nadie,
apenas he cruzado alguna mirada con alguien,
algunos incluso la apartaron,
su estupidez me daba asco.

A veces siento ganas de vomitar
de puro asco.

El mundo da asco,
el fin es una atracción fatal,
maldita vida.

La serpiente,
la jodida serpiente,
nos atrapa
no nos deja respirar,
nos engulle
nos devora lentamente,
nadie puede escapar a ella.

Somos eternos como el mal,
el mal está en nosotros.

Me he meado en la gente,
la gente se ha meado en mí,
la gente ha abusado sexualmente de mí,
he abusado sexualmente de la gente,
he violado,
he matado,
he golpeado con ira,
he rondado la noche
como un animal salvaje,
he saboreado la sangre.

He vaciado botellas de whisky,
en la oscuridad,
rodeado de cucarachas,
aún veo a las cucarachas rodeándome,
a veces son reales,
pero otras veces no,
las cucarachas me aman,
he fornicado con ellas en mis sueños,
ellas saben la palabra que hay dibujada en la pared,
MATA,
la sangre nos inunda el cerebro,
porque somos tres,
Él quiere matar,
Él quiere escribir,
Él quiere morir.
Me besó con sus labios negros,
pude entrar en la oscuridad
y ahí vi a un niño llorar,
su gato había muerto,
las moscas revoloteaban sobre el cadáver,
una puta desdentada farfullaba palabras,
parecía ser su madre,
pues le arrullaba con una nana...

Duerme niño duerme.

Oí el trueno de un 38,
creí estar loco,
sus labios negros me volvieron a besar,
de la oscuridad no pude despertar.

Ojo rojo, insulto, escupitajo, pedrada,
mi diente vuela por los aires,
gangrena, pus, gusano, muerte,
todo pasa por mi mente,
te amo dijo el enano mostrando su enorme cipote,
perdón,
pedrada, derramo un charco de sangre,
grito de dolor,
me miran con pavor,
ahora sabes que es mentira,
la sangre inunda mi boca,
un fuerte sabor a metal,
siento que saltan chispas,
recuerdo la flores en el jardín,
con su orgulloso color blanco,
la abeja acercándose a libar,
el sapo aposentándose en una enorme hoja,
ahora sabes que es mentira,
me miras, te miro, una lágrima resbala hasta el suelo,
me amas, te amo,
ahora sabes que es mentira,
me insultas, me escupes, me apedreas,
me miras con tu ojo sangriento,
un fuerte sabor a metal,
ahora sabes que es mentira,
haber olvidado olvidas,
he vuelto.

jueves, 27 de junio de 2019

Ave que en mi pecho creció
para marchar volando lejos de mi lado.

Tú eres mi flor,
mi cuento de hadas.

Por tu sonrisa,
todo daría.

Dueña de mis palabras,
he visto el mar en tu mirada,
como caían al suelo sus gotas saladas...

Yo sentí el acero que te atravesaba.

Hincada de rodillas,
enredada en la cuerda.

Difícil juego es la vida
si mueres de pena.
Abrázame,
decía el oso de peluche al que le faltaba un ojo,
abrázame,
repetía una y otra vez como un enjaulado loro.

No hay amor,
tampoco odio
o indiferencia,
sólo silencio.

Arrastro mi dolor por la calle,
sin llegar a ninguna parte,
sin querer amarte,
sin importar que no hables.

Ya no hay palabras grandilocuentes,
tan sólo pochedumbre,
me arrimo a la lumbre,
buscando un fuego que queme.

Los versos se pudren en mi mente
tarde o temprano si no los escupo,
mas porque no sean tuyos
los tragaré hasta la muerte.
Te recuerdo,
como en un verso,
el verso se hace carne,
la ciudad se vuelve morada,
como si se aglutinaran las notas de un blues perverso,
entonces despierto,
trato de recordar, pero no puedo,
te vas como el humo,
tú siempre con los tuyos,
yo, contento de tenerte en mi sueño,
arrojo mi vara al despojo del verbo,
de repente los árboles cantan una canción que croan las ranas,
feliz de ver como corean los ciervos,
me arranco con loas a Jah,
purificación por fuego,
nada que masticar,
salvo los rayos del sol,
salvo el propio dolor.
Quisiera estar ahí,
estar otra vez
donde nadie,
donde el silencio,
donde el quebranto de la niña pez,
ahí,
donde la cadena se rompe
y no estar.
A veces olvido
quién soy,
dónde vivo,
vago por las calles bajo la lluvia,
sin camino,
sin destino,
sin amigo
o vecino,
nada
salvo la luminiscencia del verso,
el resonar del éter en mi cabeza,
el agua se vuelve hielo
golpea mi rostro con violencia,
desmayo de hambre y sed,
mas no me amilano ante semejante horror,
camino,
camino a ninguna parte,
hacía la profunda soledad
en busca del silencio.
A veces amar...

Si fuese la solución,
dulce manjar,
camino de ilusión,
despertar en la mar,
sueño de viejo barquero,
mas la soledad,
fiel compañera,
nos envenena...

Quizá alzar el puño,
enterrar el yugo,
caminar,
caminar descalzo,
desnudo bajo la lluvia,
abierto de brazos
a la espera del rayo.

Hay que olvidar lo viejo,
avanzar hacia lo nuevo,
estrellarse...

Un baño de sangre,
nadie lame las heridas,
no hay salida,
mi querida amiga,
de luto por las hormigas,
regurgita psicodelia,
pobre gente necia,
abandonad vuestras creencias,
adentraos a lo desconocido...

Vuestro deseo de carne,
tarde o temprano, terminará por matarme.

martes, 25 de junio de 2019

No todo es dolor,
tampoco amor.

Quise ser inocente,
por mi pasado de pecado,
quizá logré parecerlo,
pero todos los seres tienen sombra.

Por mucho que cambie seguiré siendo yo,
quizá lo que más miedo me da en este mundo,
cuando me miro al espejo me asusto,
muchas veces no sé si soy yo
o la sombra...

"Ella acecha en la alcoba..."


A veces recuerdo canciones,
sólo pequeños fragmentos,
vuelvo a la infancia en un momento,
aquellos horrores,
era la vida, aún llena de errores,
de tristeza y pesadillas,
lástima de enfermedad maldita,
olvidar mi nombre,
no saber dónde estoy,
qué día es hoy.

Levantarse, un día tras otro,
perdido en la ajenidad del rostro,
la gente se aparta al verme,
sigo sin entenderles.

¿Mi barba?

¿Mi melena?

Mi mirada,
o un conjunto de todas ellas...

Mejor olvidar,
beber hasta vomitar,
seguir bebiendo,
hasta volver a vomitar,
seguir sediento
del olvido,
de la muerte...

Sin camino,
quererte.
Poca gente lo sabe,
recientemente falleció mi padre,
ahora la casa me viene grande,
por eso vago por las calles.

Otra vez doblegado por el dolor,
no soy un ganador,
quise ser aire, para entrar en tu interior,
sólo fui humo, exhalado al exterior.

Lo sé, apenas escribo,
vivo del recuerdo,
de las manchas de café en el cuaderno,
pero todavía no he perdido.

Deja que te cuente,
de los años del whisky sólo queda el polen,
polen que germina en mi mente,
aún lleno de dolores
recorro el camino,
Dios me ha ofrecido la mano muchas veces,
nuca la he cogido,
sobrevivo,
no temo a la próxima peste,
puede que pase hambre,
puede que viva en la calle,
que olvide quererte,
pero seguiré en pie,
allá donde esté
lucharé siempre.

lunes, 24 de junio de 2019

La anciana del bosque nos lo dijo claramente,
he conocido a muchos como tú antes
y todos han acabado mal,
lo sé, asentimos,
porque ella leía nuestra mente,
no nos engañaba,
todos sabíamos que era verdad,
el estado de deformidad era avanzado,
Ella se nos había mostrado ya,
como tantas otras cosas,
no nos equivocamos, todo salió mal.

¿Te acuerdas del viejo?

Él nos avisó,
no te acerques a la chica,
es peligrosa...

Y nosotros se lo dimos,
el pincho,
y la provocamos,
casi nos mata...

Había que hacerlo,
lo sabes,
como otras tantas cosas,
las hicimos para demostrar que éramos dioses,
que aún con una camisa de fuerza
y encerrados en la celda acolchada,
podíamos salir de ahí cuando quisiéramos...

Nos quitamos sus ataduras,
abrimos sus puertas,
ante su negativa de dejarnos salir
nos tragamos la cuchilla de afeitar
y salimos,
por la puerta grande,
ahí todos nos reímos de los dos payasos
que intentaban escapar en pijama,
era puto invierno,
todo estaba cubierto de nieve,
nadie iba a ir muy lejos,
menos en pijama,
pero escupimos la cuchilla ensangrentada a sus pies,
dimos las gracias,
respiramos la jodida y helada libertad,
luego nos querían trasladar
a un lugar donde nosotros "estuviéramos mejor",
cabrones...

Ahora todos sabemos que ése era nuestro lugar,
teníamos que hablar con Él,
y aunque nos guste pensar que lo dejamos ahí,
encerrado en la celda acolchada,
los dos sabemos que no es verdad,
si nosotros pudimos salir...

Él también.
Quemasteis sus ojos
con vuestro ácido,
arrancasteis su lengua
con vuestra garra,
taladrasteis sus oídos
con vuestra mentira,
aun así,
algún día verá,
algún día oirá,
algún día hablará,
entonces,
será libre.
El lobo ya no tiene diente,
la carne se pudre igual que mi mente,
el alcohol me sube, el alcohol me baja,
con esa tristeza rara
(el reloj marca las cuatro)
el último tren pasó hace rato.

La hoja seca prende fuego,
lo contemplo...

Cojo una rama seca, lo alimento,
calor que quema la piel,
me despierto otra vez
(el reloj marca las tres)
el humo me hace llorar,
el barco se hunde con el capitán,
ya no hay vuelta atrás.

domingo, 23 de junio de 2019

Atrapado,
la pared me corroe,
quemé la última flor en busca de calor,
dejé al sol atrás,
perseguido por mi sombra,
palabras de odio y nada más,
ya pusieron la alfombra roja como la sangre,
el fin lejos, en alguna parte.

Olvido mi nombre, tu nombre,
sólo el vacío,
mi podio quedó atrás,
la ninfa violada por el odio,
la luciérnaga aplastada por el mal,
el suelo se levanta a mis pies,
el mundo del revés,
ojalá lo pudieras ver.

En la hora demoniaca el verde centellea asesino,
me encontré conmigo mismo, yo era la serpiente,
mi cuello en la soga,
pendo en el filo de la navaja,
es como si se acabara el mundo,
el fin de una era cósmica,
la serpiente se enrosca,
esto es cuanto queda de mi fortuna, manchas en la hoja.

Salir de la guarida,
morir en la sombra,
desdén a la vida,
una noche de copas,
pudiera ser que el reloj marcara las cuatro,
he roto mi pacto,
el silencio mi coartada,
nos dejó el gran compañero,
al que nunca conocimos,
perdimos el pasado en el camino,
el viento jamás soplará canciones de amor.
Abrí los ojos,
sólo vi blanco cegador,
poco a poco
mi vista se acostumbró
a la claridad de la mañana,
tenía una resaca descomunal,
el repugnante hedor a vino barato,
orín, quizá incluso heces,
que desprendía mi ser
me revolvió el estómago,
basqueé,
vomité
repetidas veces,
no pude evitar sacar de su
letargo a mi compañera,
una joven prostituta yonqui
que encontré en el camino.

"Joder tío",
balbuceó ella,
"¿ya la estás liando?"

"Lo siento, estoy enfermo",
respondí,
"eres un enfermo
que no es lo mismo",
contestó malévolamente,
"lo que tú digas,
cielo",
respondí con inquina,
el rostro de la joven se incendió
frunció el ceño y espetó,
"no me llames así,
¡pervertido!"

Expelí una sonora carcajada,
me encantaba cuando se enfadaba
y me miraba de esa forma,
pero era demasiado temprano para enojarla
y enzarzarse en discusiones innecesarias,
opté por desviar la conversación,
"¿sacaste mucho anoche?"
pregunté,
"no mucho,
y se lo comió el caballo",
respondió sonriendo con malicia,
"¿te ha dado por los juegos de palabras?"
"bueno,
ya que no me follas
con algo tendré que entretenerme",
no quise seguir por los derroteros habituales,
había sido una noche inquieta y fría,
"anoche soñé contigo,
cielo",
"alguna guarrada seguro,
pervertido".

"La verdad es que estabas desnuda",
comenté con cierta sorna,
"lo ves,
eres un enfermo",
suspiró,
"sí,
cielo",
"¡degenerado!"
"te quiero",
me escupió en la cara con la mirada llena de ira,
yo me limité a sonreír,
su níveo rostro se acongojó,
intenté calmarla,
"vamos,
vamos,
no llores,
sé que te prostituyes sólo para darme celos",
"¡qué tonto eres!"
exclamó riendo,
"bueno,
nena,
me voy a trabajar",
"¿trabajar?
ah,
te refieres a soplar tu flauta de mierda mientras te emborrachas,
¿dónde vas hoy?"
preguntó curiosa,
"a la calle de la soledad",
respondí,
"deberías saber que,
gracias a esta flauta de mierda,
comes todos los días
y no me emborracho,
me inspiro",
"estás loco,
das miedo",
dijo,
"bueno,
tú siempre te despiertas a mi lado",
qué relación más extraña teníamos,
supongo que simplemente
nos hacíamos compañía
en la oscura y fría vida de la calle.

Me dirigí a mi esquina habitual,
era una zona bastante transitada por gente de negocio,
eran agarrados,
pero algunos sabían apreciar la buena música,
hacían importantes donaciones a la causa,
llegué al rincón,
era temprano,
aún no pasaba casi gente,
eso era bueno,
abrí el vino,
llené el paladar de su agrio sabor,
utilicé algunas colillas,
que había recogido sabiamente,
para endulzarme la boca,
pronto recaí en un estado de embriaguez,
la marabunta comenzó a rugir,
era la hora,
con parsimonia
saqué mi flauta,
inspiré profundamente
la magia brotó,
las notas inundaban el ambiente,
figuraban la más bella melodía
jamás tocada por ser humano alguno,
las monedas silbaban en el aire,
repicaban al caer,
casi sin querer ni saber por qué
abrí los ojos,
vi que al fondo,
entre la gente,
desteñía mi joven amiga
tambaleándose sobre los lomos del caballo blanco,
nunca había venido a escucharme,
qué hermosa sorpresa,
soplé,
soplé con emoción la flauta mágica,
el violinista del tejado
se unió a mí entusiasmado,
se fueron juntando muchos otros músicos,
viejos amigos de la calle,
el mayor concierto improvisado
de la historia tenía lugar,
mi compañera alzó el rostro
con voz angelical se unió a mi flauta
en perfecta armonía,
conjunción sublime
de forma desconocida para
los mortales
se dio entre nosotros,
una lágrima brotó de sus ojos,
arrastrada por el viento,
lucía en el cielo como diamantes,
y los hombres de piedra,
tornaron color,
y el bosque de metal volvía a verde,
verde,
su voz se secó,
su cuerpo se desplomó,
soplé,
soplé con gran dolor
hasta que no quedó más dentro de mí,
mi corazón quebró...

Oh Alçalaín,
descansa en el reino mágico que creé para ti,
verás como eres feliz,
verás como vuelves a reír,
porque mi amor es verdadero,
porque mi amor es eterno.

Mi flauta cayó al suelo,
allí quedó,
pero la música siguió,
siguió hasta quedar grabada en el éter,
me levanté,
con el rostro encharcado
marché de aquel lugar,
para continuar el largo camino
de la calle de la soledad.

viernes, 21 de junio de 2019

El mundo,
ese lugar oscuro
donde florece la luz.

A veces la palabra se esconde,
silencio mientras oyes voces,
nos queda el poema entonces,
en un maldito juego de yoes,
atrapados en la escalera de caracol,
agachamos como querer ver a Dios,
como enganchados los dos,
en tren o en avión
partir un camino,
tener un destino,
algo distinto,
pan y vino,
algún verso que otro,
nos llamaran locos
por ser unos pocos,
pero lo tendremos todo.
Abrazado a la desesperanza de la farola orinada,
como queriendo llegar a algún lugar llamado casa,
solo, psicótico y bastante ebrio
escucha nuevamente el sonido del silencio
como diciendo su nombre,
implora que lo logre,
mas ignoto el qué,
mucho menos si alcanzare aquél,
hace como un zángano
e ignora el escándalo,
ya subió escarpadas cimas,
vomitó al amor,
incluso paró el reloj,
llenó el espíritu de dicha,
pobre loco asocial,
aúlla cual lobo a la luna
para que le escupa como una puta,
atrapado en la singularidad
el ser se esconde entre las flores
olvidando los pasados loores.
Si me buscas...

Soy el viejo con barba
que llora por tus bragas.

Solitario y huraño
escribiré versos en mi cuarto
hasta llegar a  tus ojos.

No importa, ya estoy loco,
vino y hierba enturbian mi mente,
oigo voces que me llaman inconsciente.

Es hora de guerra,
de soltar la melena,
no importa el resultado
estar a tu lado,
o no,
envejecer juntos,
solos
vivir o morir
no importa,
sólo importa hacer.
Siempre dejo los mejores versos
para mis sueños,
cuando despierto
no recuerdo ninguno de ellos.

Supongo que es mejor así,
dejar morir la palabra lejos de aquí,
en esos mundos extraños
a los que voy en mi letargo...

Algunas veces son terribles pesadillas
que me despiertan en esas noches malditas,
pero otras, sublime belleza
desconocida en la tierra.

Cuanto más desajustado,
más inmortal
más capaz,
pero también, más asustado...

Aquella plétora de poderes
que ante mí hallé
fue renacer,
la explosión de la mente,
saltar al vacío
estrellarme en el precipicio
volver de la muerte.
Atado a este banco
me han abandonado,
se detuvo el reloj
en mi corazón.

No sé si hará tic,
si hará tac...

A nadie le importará
si muero aquí,
arderé en la hoguera
como cualquiera,
volveré al polvo.

Y llorarán sus ojos
borrando las letras
de mis poemas.

jueves, 20 de junio de 2019

Fueron versos que debió llevarse el viento
o quizá los devoró el fuego,
ni lo sé ni me importa,
sólo me importa la lengua rota.

He visto más allá,
pero de eso hace mucho tiempo,
que más da,
al fin y al cabo todos estamos ciegos...

Las flores se secan, el whisky se evapora,
cuando despiertas solo,
sentado en un banco olvidado de los rayos del sol,
sabes que has tocado fondo,
por eso no me gusta cavar tan hondo,
porque luego hay que poder salir
y no sólo poder, sino también saber,
porque la gramática a veces se retuerce y te confunde,
hay que saber que es lo que hundes y hasta donde lo hundes,
yo no entiendo de cuchillos, sólo tengo algunos cortes, ninguno letal,
pero entiendo de frío y soledad, de dolor y muerte...

A veces hay que saber volver a empezar
para poder llegar al final.

Cada vez que veo el uno me acuerdo de ti,
porque la unidad es soledad, olor a madera, sabor a goma,
es entonces cuando nos cobijamos en el verbo,
en la yuxtaposición del sujeto,
no podemos obligar a olvidar,
no podemos evitar olvidar,
sólo tengo viejos recuerdos,
suficiente por el momento.
Sueño cantar,
oigo al perro hablar
con total claridad,
yo le respondo con naturalidad,
las hojas de la palmera nos cobijan con su sombra,
creo recordar la música
con su tonalidad única,
entonces vestir de túnica,
pasear con la melódica,
nada tiene lógica
en esta síncopa metódica,
entonces volver,
volver al verde,
soñar de nuevo con el número nueve
y perder.

Desarraigado,
completamente impregnado de verde,
sin ser, sin estar,
a la hora que cambia el día,
lejos del vino, del whisky,
el jazz suena en el piano.
Las botellas de whisky vacías se amontonan en el suelo,
ya no caben más colillas en el cenicero,
se me rompen los huesos de desesperación
aunque creas que no, eso es dolor,
más que el quemar de los dedos amarillentos
que quieras que no, es sólo un momento,
se me ennegrece el alma de pensar en ti,
tanto que a veces creo no poder seguir.

El grillo canta con triste lamento
para recordarme que aún estoy despierto,
el cielo pierde su azul
mientras cargo con mi cruz,
no sé hace cuánto te olisqueo,
como si fuera un perro,
si acaso pudiera volver,
volver y no perder,
si acaso el tiempo,
si acaso el puerto,
atravesar este mar
que es amar...

Camino sin cuerpo,
como si ya estuviera muerto.

Creo que amo tus versos más que mi propio ser, eso me mata,
más que el silencio de las risas rotas.

Los peces se ahogan en el río,
la serpiente amarilla devora cadáveres putrefactos,
se rompen los dedos del frío,
el alma se parte en un orgasmo,
la mugre inunda los pasillos,
gemidos de demencia tras la puerta,
cicatrices de dolor en su vientre,
sangre en la pared,
sangre en la cortina,
sangre en la almohada.

Pronto vendrá el sol
a cegarnos con sus rayos,
pronto vendrá el frío
a quemarnos con su hielo,
pronto el salto al vacío,
a estrellarnos de dolor,
la noche,
el cielo estalla rojo,
la puta con su pierna de madera
recorre la blanca carretera,
ya es de día
y luce amarilla
la ciudad.
El grajo volaba bajo,
las luces se apagaron,
el claro de luna brillaba,
llegó el duque y su caravana,
trompeta,
coge la escopeta
los perros y la mosca,
la caza de la zorra,
colilla,
botella vacía,
la garganta sangra palabras,
en la habitación de al lado chirría una cama.

Me levanto,
con los ojos escarchados
de la tristeza del último sueño,
para quemarme en el fuego,
para cantar contigo, o sin ti, un último fado,
para oír como derramas esa lágrima,
para recordar los huesos rotos,
para ver el grito del loco,
sentir contigo, o sin ti, esa lástima,
apagarme poco a poco como una colilla en el cenicero,
quedar sólo de mí lo que deje el viento.
El amor, es tan irreverente,
nos engaña,
nos lleva a la nada,
pero siempre es diferente.

Hay quien se deja llevar,
para acabar en el fondo del mar,
no puedo amar, creo,
al menos lo que yo considero
amor verdadero...

Mas si me escupes
puede que no te culpe,
si te escondes,
como el sol de la noche,
puede que no te lo reproche,
si me ignoras
y aullas como una loba,
no te llamaré loca,
no te pondré el cuello en la soga,
no comeré tu carne,
no beberé tu sangre.

Puede que sea tarde,
nunca me importó el tiempo,
tampoco me gusta regar el huerto,
mucho menos matar a las flores
y aún así arraso con ellas a diario.

¿Vivir en un mundo imaginario
donde nunca haya cambio?

¡Bah!

Sería demasiado aburrido,
aunque la vida sea dura
y no pueda estar en la luna,
siempre estaré listo.

miércoles, 19 de junio de 2019

Quizá necesite un respiro,
vivir alejado de la realidad
otra vez,
asaltar el templo de la rima,
olvidar el ritmo,
ser la luna a la que aulles.

No hay rabia
ni odio
tampoco amor
todavía así os quiero.

No soy un rondador nocturno,
no quiero carne,
sólo almas
pero no las busco.

Ella me miró,
me extrañó,
pero insistió,
así pues sonreí,
luego estrechó mi mano con firmeza,
era una mujer de inusitada belleza
y quise morir ahí,
seguramente no nos volvamos a ver jamás,
pero ese momento nunca se me olvidará.

martes, 18 de junio de 2019

¡Repámpanos!

Exclamé al despertar y verme sobre una cómoda cama,
ya ni podía recordar
cuando fue la última vez que dormí en una,
miré a mi alrededor,
vi una extraña criatura,
dormitaba a escasos metros de mí
mas no guardé temor,
sin duda,
ella era la responsable de que me encontrara a salvo,
reposando en tan espléndido catre,
sonreí,
mis ojos brillaron,
al fin alguien se apiadaba de la pobre alma
del hombre del banco,
me quedé,
ancho en regocijo por mi fortuna,
con la alegría dibujada en mi rostro.

Di al regodeo
observando al singular ser
que tenía al lado,
evidentemente era una fémina,
hermosa,
muy hermosa,
piel de azahar,
cabello de nogal,
espesos bucles adornados de pitiminí
con diferentes colores,
labios sativos,
dulce canto de pajarillos,
desprendía una adorable fragancia
a naranja recién cortada,
bien pudiere comprehender entrambas mis palmas,
tan pequeña y frágil,
¿cómo pudo traerme hasta aquí
ella sola?

Irradiaba algo especial,
algo grande había en su interior,
en esto abrió los ojos,
llenos de vida y expresividad,
bellos como ningunos,
su mirada era miel de brezo,
y nos quedamos encandilados en la mutua contemplación.

Conjuró en una lengua que no entendí,
comprendí que mi verbo le era ignoto,
no nos podríamos comunicar en una temporada,
no me preocupó demasiado,
sabía que aprendería rápido esta lengua nueva,
al fin y al cabo
siempre se me habían dado bien estas cosas,
pero me dio rabia,
después de tantos años sin hablar con nadie,
no poder disfrutar de una agradable charla
con tan intrigante ser,
ardía en deseos de aprender de ella
las cosas de este nuevo mundo.

Todavía estaba débil,
mas mi nueva amiga
cuidó de mí con esmero,
probé suculentos manjares,
ella los preparaba con lo que recolectaba del bosque,
sucedieron días muy plácidos
mientras me recuperaba por completo,
poco a poco,
escuchando la voz de mi ninfa,
comprendí sus palabras,
enseguida las pronuncié,
pronto las hablé,
nos reímos
pues nos entendimos,
entonces me di cuenta,
su nombre,
Alçalaín,
venía a querer decir
piel de azahar,
y un nuevo amanecer nos sorprendió
con los rayos del sol.
Alçalaín vivía sola,
en una pequeña casa
perdida en medio del bosque,
llevaba ahí
desde el recuerdo más lejano de su memoria,
no tenía conocimiento de haber estado en otro lugar,
ni tan siquiera pensaba que pudiera existir algo más allá del bosque,
ahí estaba su hogar,
su alimento,
su vida,
era una ninfa olvidada en el tiempo,
formaba parte del bosque
éste a su vez era parte de ella,
como si una conexión mental
existiera entre ambos,
su humilde cabaña parecía verdoyo,
la oquedad de un tronco hacía las veces de chimenea,
escupía bocanadas de humo
de diferentes colores,
un puchero, donde hervían frutos y hierbas, borboteaba sobre el fuego,
desprendía un dulce aroma
que impregnaba toda la casa,
rodeada de la apacible calma del lugar
ocurría la existencia de Alçalaín,
salvo hoy,
las ramas de los árboles
se agitaban intranquilas,
murmuraban entre ellas
lo que había acontecido esta mañana
en la profundidad del bosque,
la joven ninfa quedó embriagada de curiosidad
por lo que contaban los árboles,
un humano en el bosque,
ella nunca había visto a ninguno,
¿cómo sería?

Desplegó sus hermosas alas iridiscentes,
desprendían destellos de vivos colores,
destacaba sobre todo el verde,
emprendió, llena de nerviosismo,
un rápido vuelo
hacia el viejo árbol de las afueras del bosque,
casi sin aliento llegó,
se adentró,
aún palpitándole el corazón
fuera de sí,
en la oscuridad del tronco,
un sobresalto le vino al encontrar un cuerpo malherido en su interior,
se acercó con miedo,
comprobó que aún quedaba algo de aliento en aquel desgraciado,
tenía que hacer algo para ayudarle,
intentó moverle,
pesaba demasiado,
difícilmente lograría sacarlo de ahí,
a pesar de ello,
en un cúmulo de fuerzas,
tiró de él con ahínco,
entre sudores
logró llevarle al exterior,
tendría que cargar con él,
cosa que no le hacía mucha gracia,
era excesivamente pesado,
mas la curiosidad por conocer a un humano
podía con ella,
acarreó con voluntad el peso del cuerpo
en un exagerado esfuerzo,
llegados a la pequeña residencia de la ninfa
ésta aplicó, con sabiduría,
diferentes cataplasmas,
elaboró algunos brebajes
con diferentes hierbas,
logró hacerlos tragar al pobre moribundo,
sabía que sanaría,
conocía a la perfección todas las hierbas,
sus mágicas propiedades,
sentía que una energía especial
rodeaba a aquel humano,
lo dejó reposar en la cama,
se sentó a su lado,
con más calma sus vívidos ojos
recorrieron curiosos el nuevo rostro
que la providencia había traído
hasta el bosque,
así permaneció hasta sornar.
La gente circulaba alrededor
ajena completamente a mi ser,
yo permanecía inmóvil
sentado sobre el banco,
algo acontecía,
una fluctuación de energías,
una fisura en el espacio-tiempo se abría,
poco a poco iba a más,
la constante cosmológica
quebraba de forma inexplicable,
de repente un punto luminoso
surgió de la nada frente a mí,
era curiosamente hermoso,
explotaba en un chorro de gran presión,
mas su energía no me repelía
todo lo contrario,
me atraía,
me atraía con fuerza descomunal,
no podía resistirme a pesar de mis esfuerzos,
mis dedos se extendieron hacia aquel punto brillante,
sentí un ligero cosquilleo,
mis manos empezaron a desaparecer,
ante mi atónita mirada
me desintegraba,
me deshacía en minúsculos hilos
engullidos de forma furiosa por la luz,
el punto se agrandaba por momentos,
como si se alimentara de mi energía vital,
antes de que me diera cuenta
todo mi ser había sido absorto
rumbo a lo desconocido.

Me encontré,
caminando sobre pálidas arenas,
tan calientes, que parecían bullir,
en lo alto,
aves carroñeras sobrevolaban en círculos,
esperando,
esperando…

¿Había atravesado la tela cósmica para caer en la muerte?

¿O acaso esos buitres llegarían a ser mis amigos?

Seguí andando,
sin tener muy claro por qué,
si lograría llegar a alguna parte.

Alcancé a ver a lo lejos una montaña alzarse,
hacia ella mis pies se dirigieron,
mientras ardían por el insoportable calor,
cuanto más me acercaba a ella
más me admiraba aquella geoconstrucción,
donde el inexorable paso del tiempo
había dejado su huella en forma de cicatrices,
recorrían sus rocas,
dándole la apariencia de un anciano
repleto de saber antiguo,
parecióme incluso distinguir sus rasgos faciales,
sus ojos,
su nariz,
sus labios,
sus labios proferían palabras,
en alguna lengua olvidada
que nadie podía entender
salvo la propia montaña,
sentía que debía alcanzar su cima,
no dudé,
inicié el ascenso inmediatamente,
mas no había de ser fácil,
sus rocas filosas laceraban mis manos,
la sangre resbalaba sobre la piedra,
inerte y sedienta,
revitalizando a la vieja montaña,
mas era un bajo precio a pagar
por recorrer tan sabios muros,
así como la montaña bebía de mí
yo me ilustraba a cada centímetro
que lograba ascender,
hasta la última gota de sangre
hubiera impreso sobre la roca,
para ser parte de ella,
si no fuera porque sabía
que aún quedaba un largo camino por recorrer,
todo un mundo nuevo que explorar,
me entregué firme a la dura prueba,
en mi largo esfuerzo encresté la montaña
entonces
algo asombroso se descubrió
ante mí,
el más hermoso verde
que nunca había imaginado
se extendía bajo mi pasmada mirada,
formaba un extenso valle,
un río nacía a mis pies,
bañaba la roca,
joven y fresca,
como si de una montaña nueva se tratara,
caí de rodillas
magullado y hastiado de dolor,
bajé mis brazos,
dejé que mis manos
se introdujeran en el agua,
contemplé durante largo tiempo sus heridas,
profundos cortes,
piel desgarrada bailando en la corriente,
instintivamente
fui introduciéndome de forma completa en el río,
su frescura me remozaba,
mi espesa melena se empapó como esponja,
pronto todo mi cuerpo
chorreaba la pureza del agua,
me sentí mucho mejor,
aposenteme sobre la hierba
que tan basta crecía
a respirar el placer que me rodeaba,
me hallaba en el corazón de la calma,
disfruté de aquella paz
hasta perder por completo
la noción del tiempo,
repleto de fuerzas opté por levantarme,
proseguir mi andadura
por el valle de lo desconocido,
mis pies saborearon la hierba,
caminé,
caminé,
ante un denso bosque me hallé,
de entre todos los árboles
que mi vista lograba alcanzar
uno llamó especialmente mi atención,
no por su altura
sino por su tronco,
era tan ancho
como un edificio de once plantas,
ningún otro árbol le hacía sombra,
estaba como apartado del resto,
generándose un pequeño claro
a su alrededor,
donde los rayos del sol brillaban con entusiasmo,
comencé a rodear aquel árbol,
contemplaba atónito su majestuosidad,
cuán grande fue mi sorpresa
al bordear una gruesa raíz,
apareció una gran puerta,
me quedé anquilosado ante ella,
pensando,
quién diantre podía haberla
construido en un sitio así,
habría más humanos por aquí,
o quizá
otra forma de vida inteligente,
pero
para qué querrían una puerta ahí,
¿estarían al otro lado?

Intenté abrirla
pero fracasé,
debía existir algún mecanismo secreto
que aún no había descubierto,
examiné la puerta,
ofuscado en sus entresijos
sin lograr nada,
me di cuenta de que llevaba
mucho tiempo sin comer,
tanto pensar me había abierto el apetito,
observé que en el árbol
crecían unos extraños frutos dorados,
estiré el brazo hasta alcanzar uno,
tenía una apariencia jugosa,
lo mordí,
tuve que escupirlo en el acto,
su sabor
era lo más desagradable que jamás había probado,
entonces la puerta se abrió por sí sola,
mostraba en su interior unas escaleras,
descendían a la profunda oscuridad de la tierra.

Intrigado
comencé a bajar los peldaños con cautela,
intentaba acostumbrar mis ojos
a la poca luz que del exterior llegaba,
resbalé,
rodé varios metros hacia abajo,
duros golpes en las costillas,
intenté levantarme,
un tremendo saetazo de impulsos nerviosos
infirió un terrible dolor en mi costado izquierdo,
tosí,
el sabor de la sangre inundó mi paladar,
escupí rojo intenso
mas logré levantarme,
no sin sujetar con el brazo mis costillas,
a pesar de ello
no conseguí dar más de cinco pasos,
mareado de dolor
acabé en el suelo sin sentido.

lunes, 17 de junio de 2019

A veces me acuerdo de ella
cuando doblo la esquina,
esa en la que me seco las manos
por si me encuentro con Dios.

Fueron días extraños,
de locura
pasión y miedo,
casi nos matan
casi nos matamos...

Pero todo aquello pasó,
sólo queda el recuerdo de las cicatrices.

Después de todo,
aquella chica triste y solitaria
me sonrió,
y aunque incluso me ofreció su cuerpo
no lo tomé.

No hay duda,
fue fugaz
pero fue amor,
por eso la recuerdo con cariño
a pesar de que intentara matarme.
El maestro ha vuelto,
surca las calles en busca de un banco seco
pasea como si fuese un padrino,
saludando viejos amigos.

Visitó al viejo guitarrista
que saludaba con alegría,
con tal sonido la plaza adornó
que hasta el agua aplaudió.

No sabría decir cuánto tiempo desde la última vez,
aunque nunca olvidé, quizá llegue un momento en el que no recuerde...

Cuando el invierno se vuelve extraño,
las aves guían mi ritmo,
no sé si es bueno o malo
que en estos momentos cambie mi sino.

Ella era una rata,
yo un simple flautista,
rasgar el cielo con mi escala
solo provocó risa.

Me desvanecí con la neblina
cuando la victoria tenía,
me ahogué con el escocés,
solo pude perder.
Siento la guadaña en la entraña,
el sol me espanta,
la serpiente se retuerce en la garganta,
si acaso mirara
si me arrancara la cara,
negros espejos
centellean a lo lejos,
despierta,
se abre la puerta.

Aquí, en mi banco,
sentado,
repaso cuanto decías,
qué gran mentira,
arañas en la boca
tejiendo su tela espesa
te ahogan,
crees estar loca,
despiertas en una habitación blanca,
vestida con una bata,
sin saber qué es lo que pasa
miras tras la puerta acristalada,
ves borrones,
gorriones,
el árbol se desnuda,
te asusta,
sus ramas quejumbrosas,
garras en la sombra.

Con el paso del tiempo
todo se vuelve negro,
quieres mirarte en el espejo,
pero no ves,
volver,
llover,
colillas húmedas en el suelo,
mientras, el gusano hace su agujero
en tu cerebro.

Tras de mí morir,
si me ves venir,
llora para mí
lágrimas rubí.

Espadas látigo,
uñas de plástico,
no pienses,
ven a verme,
te atravesaré
en este cármeso atardecer,
lameré tu áspero verbo,
devoraré tu cerebro
lo escupiré al viento
y susurrará tu pensamiento
crecerá en mi vientre
como una serpiente,
serpiente de fuego
que muerde veneno,
y se partirá el tiempo,
volverá el dolor,
dolor que es amor.

El silencio retumba en las paredes
como grito de espantapájaros,
garganta purulenta, encía sangrante,
muñeco de trapo sin ojo, el humo
el puto humo...

Me arden las manos de dolor,
la sangre escurre por mi pecho,
no me entero si sueño despierto,
terror...

Dormir,
morir,
despertar,
caminar,
la gente esconde la plata,
me mira con ojos de rata,
oscuridad...

Creo que dejé mis tripas en la alcantarilla en mi último viaje.

Arropado por la soledad del frío
respiro el humo de mi cigarrillo,
la lluvia empapa las horas muertas,
he llamado a todas la puertas,
parece que nadie me escucha
salvo el sol y la luna,
ya arrancaron todas la flores,
ya se lleno el suelo de hojas marrones,
busco el calor de un "hola",
mientras me acurruco junto a una farola.

Las paredes eyaculan tu nombre,
manchas de odio en el suelo,
quizá las ratas
devoren mis entrañas,
pero tú te pudres en un estercolero,
quizá la mentira reluce en el agua
pero ya subí la escalera hacia el cielo,
no sé qué tanto te quejas
si sólo ardes en el infierno,
no sé qué tanto alumbra la lumbre de un mechero.

Agujas de sal atraviesan la garganta,
te miro sin verte,
con ojos de serpiente,
sólo sé que nací ahogado en tu vómito,
sólo sé que me bañé en tu excremento,
no sé qué es lo que de todo aquello queda,
probablemente sólo ceniza y colillas,
ni una última palabra,
ni un te odio,
ni un adiós.

Secó mis labios la humedad de tu ser,
sentiste lástima,
volé alto como el águila,
lejos, lejos del humo, de la rabia,
de la peste, donde el no ser,
donde la bestia se alza,
donde arden lo ojos, vomité palabras
sobre mañana.

Encontré a la dama blanca,
fornicamos sobre la guadaña,
nació un niño muerto.

Soñamos la sangre en la tierra, rompimos nuestros huesos,
vendamos los ojos con espino, mordimos el verbo,
arrancamos las uñas, devoramos la carne del muerto,
cadenas en los pies para que no escapemos,
espuma en la boca para que no besemos.

Los pájaros muertos se estrellan contra la ventana,
hedor a carne putrescente atraviesa hasta hacer sangrar.
Su mirada fango,
su palabra estiércol,
sangre en la mano
la matanza del cerdo.

Olvido,
recuerdo,
camino,
duermo...

Detrás de la máscara
se esconde el sueño,
yo soy el tuátara,
tu eres el cuervo.

Intenta ver,
mira el árbol,
vamos ven
verás al gato,
intenta lamer su larga cola,
vamos ven
verás la gota,
lluvia,
desnuda,
sucia.

¡Puta!

Perdido en el aspirar del último cigarrillo
el viejo es un moribundo,
humo...

Trata de levantar,
el hombre de la puerta de atrás
no deja de mirar,
dame whisky, quiero más.

Te miré,
no pude ver,
me viste,
mirar no quisiste.

Me mareo,
me caigo,
me rompo,
al fin poder vivir hecho pedazos.

La gaviota huye del mar,
el perro no puede ladrar,
el árbol cruje seco,
al fin el viento,
al fin la lluvia
borran tu calumnia
y levanto de entre los muertos.

Mírame, si es que crees,
háblame, si es que ves,
devora mi carne,
bebe mi sangre.

Enseñamos al payaso a escupir fuego
su lengua tornó negro,
putrefacta su carne,
se pintó los labios color rojo sangre.

El cielo, con sus cabellos grises,
me mira con ojos tristes,
me vuelvo cristal,
cristal que quiere cortar.

Sus manos espino arañan mi piel,
no sé quién es este ser
que logra mi sangre lamer
como si fuera la primera vez.

No sé qué es esta danza macabra,
el sol se traga a la luna,
labios de prostituta,
escupidos a la nada el dolor nos aplasta,
sólo nos queda la cicuta,
no hay duda,
el fuego nos reclama.
Mira como lucen mis claveles en mi ventana,
con ese color tan parecido a la sangre,
mira como lucen mis flores
con ese olor tan parecido a la muerte.

Escucho el canto del gorrión,
a lo lejos,
más allá del asfalto y sus coches
y sus camiones y sus autobuses,
puedo oler las flores,
a lo lejos,
más allá del asfalto y su contaminación
y su goma quemada y su humo.
Todavía brilla el verde en la fría noche,
sé que nos hemos olvidado de la blanca,
sólo nos queda el ay del salir o no salir.

Tú muerta,
yo muerto,
cadáver putrefacto,
alimento de gusano,
dolorida y arrugada,
con voz tumefacta,
recita de rodillas la vieja
tus versos de muerte.

La llama ya no calienta la mano del enterrador,
todos me miran en este rito satánico
y el fulgor de sus ojos ciega la sombra.

Siento que voy a despertar
en esta otra realidad,
donde el no ser,
donde me miras desde la horca,
siento que estoy muerto
y tu voz es lejanía,
los borrachos apuran sus copas,
otra botella de vodka,
la ceniza en el viento.

Sabes que yo no miento,
tu sangre es mi sangre,
tu muerte es mi muerte
y me miras,
como si todo lo supieras.

No sé si sabré llegar,
allí donde es tu hogar,
en el hospital
atada en la cama
las cuerdas son tu prisión,
yo estoy loco
y sólo tú lo sabes
oh amor,
oh dolor,
en el olvido de la última mirada
como una zorra con la jeringuilla clavada.

domingo, 16 de junio de 2019

En la calle de la soledad
viven pobres en la acera,
hay músicos que intentan escapar,
algunos van a la carrera
sin saber cuándo acabarán,
sin saber a dónde llevará,
la calle de la soledad.

Mires donde mires todo es igual,
si te quedas un rato
oirás gente gritando
sin saber de qué están hablando,
amigo,
¿vienes conmigo?

A la calle de la soledad.

Violinistas en el tejado
agitan el arco,
blancas y negras,
confusas y difusas
se desmelenan
en la noche oscura
las notas del piano
que suena a mi lado,
y guitarra en mano le acompaño,
improvisando...

Innovando...

Sí amigo,
en la calle de la soledad.

Gira la noria
chirriando su historia,
incesante...

Implacable...

Jóvenes y viejos
escuchan atentos,
esperando los sueños
que arrastran los vientos
de la calle de la soledad.

Cuánto más tardará
el cantante en cantar,
el músico en tocar
aquesta canción
que crece en el interior,
que nace en el corazón,
cuánto más...

Amigo vente conmigo,
pero no iremos a pasear,
vamos a tocar,
vamos a cantar,
por la calle de la soledad.
Tan coqueta, con esa sonrisa...

¿De qué hablan las flores cuando nadie las mira?

No pude evitarlo, necesitaba escuchar
aquella extraña voz de azahar.

Me acerqué...

Me alejé...

Me acerqué...

Me encaramé a un acebuche,
me camuflé entre las nubes.

Oh, que el viento me acune
mientras contemplo rostro tan dulce.

Palpitar rojo en la nube verde,
un profundo pozo de ojos inertes.

Oscuras luces
a lo lejos,
reflejos
que abducen.

Olvidar recordar.

Pensar escuchar...

Hojas de otoño en la trompeta,
parados en la cuneta,
contemplamos el cielo
tumbados sobre el viento.
Gritos del pasado,
fantasmas y demonios,
animales salvajes
de una a otra parte,
en el blanco del folio,
vagan asustados.
Vuelo libre, salvaje,
hacia ninguna parte,
quemando pensamientos.

No me importa, la verdad,
si hago bien, si hago mal,
tan sólo quiero un poco más
de esos besos sin igual.

Y si pasas por mi banco
y ves sentado a mi lado
algún que otro diablo,
no tengas miedo,
no salgas corriendo.

Tan sólo vendo mi alma
a cambio de una palabra.
Desgarró tu piel la aguja
inyectando su locura.

Recorre el fuego todo tu cuerpo,
en un retrete mugriento...

Buscas la luz...

Buscas la luz...

Negras tornan tus venas,
eres una pobre enferma,
la mierda te ahoga
estás sola, estás sola...

¡Loca!

Te estás volviendo, loca.

Ahora que estás más bien muerta,
¿reina la paz en tu cabeza?

Buscas la luz...

Buscas la luz...

Desgarró tu piel la aguja
inyectando su locura.

Recorre el veneno todo cuerpo,
en un retrete mugriento...

sábado, 15 de junio de 2019

El hombre árbol me mira,
agachado,
como si pretendiera que colgara de sus ramas,
sueño poesía,
sueño mar.

Eva ha vuelto a morder la manzana,
el monte arde bajo el sol de verano,
la escalera se abre bajo el cielo,
melodías encantadoras de serpiente,
álzate como nube de tormenta,
las flores mirarán como lloras.

En el fondo no estamos solos,
nada nos une, somos legión
desbarrando a la hora de las brujas,
ahogados en letra de fantasma.

Eres el martillo del sueño,
soy la masturbación de la tormenta,
eres el pan en la mesa,
soy el fuego en el cielo,
sal derramada, hierba quemada,
cadena de olvido,
escalera de serpiente,
verde, rojo, negro, gris,
princesa y sapo,
electricidad, chispas,
Seguramente borracho,
o "esquizo",
atravesé portales en el tiempo,
rezaron por mi alma,
me ahogué, me quemé,
me aplastaron con piedras de pecado,
me ataron con cuerdas invisibles,
inmóvil, moribundo, hambre, sed, sangre, poder, renacer.

Oigo el armario esdrújulo en el silencio,
como un no pasar nada salvo la música,
salvo la poesía,
quisiera ser y estar, sin nada salvo la noche,
salvo las estrellas, la enredadera, la serpiente,
el reloj de arena, la escalera, la sombra,
A'lyakar,
yo, el metamorfo.
Me acerqué a la nevera,
la abrí con tranquilidad,
la cabeza del escocés me miró,
la lástima desfiguraba su rostro,
su carne rozaba la putrefacción,
intentó hablar
cerré la puerta con brusquedad,
no soporto las palabras de la inanimidad.

Me acerqué a una estantería
donde reposaban varios discos,
cogí uno al azar
lo coloqué en el giradiscos,
bajé la aguja con delicadeza,
leves ondas sonoras sorprendieron a la monotonía de la estancia semidesnuda con un ligero crujir,
el característico sonido de surcar el vinilo,
una flauta sonó con extraña melodía
me recosté en el sillón,
dejé que el humo invadiera mi mente...

Vi un gran felino,
vi al lobo,
a la serpiente,
el Yeenaaldlooshii me mostró su rostro a través del espejo,
la habitación empezó a adquirir un blanco aterrador,
las calaveras
carcajeaban al otro lado de la puerta,
la música se aceleraba
el tantán redoblaba
mi corazón retumbaba,
extraños seres comenzaron a danzar,
a cantar sones antiguos en lenguas olvidadas,
el espejo estalló en mil pedazos,
el espacio-tiempo se detuvo,
mil rostros quedaron al descubierto,
el rojo interrumpió al blanco,
comencé a girar en la nona dimensión...

Di a adquirir consciencia en un viejo banco de madera,
lo custodiaba un nogal joven
cargado de flores,
los pájaros revoloteaban
trinaban sin cesar en un caos musical,
las carcajadas de las calaveras,
que aún resonaban a lo lejos,
se apagaban,
poco a poco los pájaros se durmieron,
los grillos los sucedieron,
las ranas se los comieron,
la luna lloró,
una lágrima cayó a mi lado
la tomé en mis manos,
en su extraño brillo encontré una flauta,
no pude evitar soplarla
hasta despertar al sol.

jueves, 6 de junio de 2019

No sé si es el verde,
o el tiempo,
quizá el whisky,
sólo me quedan unos pocos viejos recuerdos.

Y para que recordar el sin vivir,
si el fin es vivir,
y para que atormentarse
con algunos vividos males,
si al fin por fin el fin
nos cazará a ti y a mí.

No quisiera recaer en el teatro del psiquiátrico,
no es nada práctico,
improvisar el pasado,
reinventar el futuro,
camino ya andado
sin pasajes oscuros.

Solo trotamundos,
solo vagabundo,
sangrantes encías,
botellas vacías,
colilla entre los dedos
lejos de la realidad,
lejos,
lejos de la humanidad,
sin peinar o afeitar
galopas hacia el mar.

Quizá aún quede un otro camino,
donde el silencio del maullido,
donde el destierro del rey,
un lugar sin ley,
surrealista,
cercano a la novena dimensión,
sin nación
sin lista,
la trompeta en Jericó.
Frío que recorre mis venas
como río de penas,
solitario calor
de olvidado dolor...

Mis manos no trabajan
no hay llama,
se pudre mi alma,
no hay nada.

Dormir para volver a despertar,
no hay cuento que acabar
ni sueño que recordar,
solo realidad.

Camino donde perderse,
rodeado de verde,
atrapado en la noche
de este humano bosque.

Resurgir de la ceniza
y caer en la misma,
volver a perder
y qué...
Si dije te quiero
lo siento,
amé, para no ser amado,
caminé hacia otro lado
como el que no quiere la cosa,
sobre el verso de una loba
desnudé el alma,
entregué las armas,
no más lucha
ni duda.

busqué la continuidad del verbo,
acabé siendo siervo
y aunque a veces quiero,
no puedo.

Sólo dolor,
sólo horror.

Vuelta al abandono
del ensueño del loco,
asexual eunuco
de caminar desnudo,
buscar una ruta
que me lleve a la luna.