Cerveza,
vodka,
whisky,
volaban día tras día,
podría haberme emborrachado con mi propio sudor,
por más que me esforzaba
no había forma de abrir la dichosa puerta,
siempre estaban cerradas,
una detrás de otra,
pronto se volvió algo tedioso,
caí en la desidia,
el agotamiento se presentó ante mí,
martilleando mi cerebro con cuatro acordes de cuerda,
mi vista perdió definición,
sin darme cuenta,
caí en un estado de extrema embriaguez,
yací en el suelo,
mientras,
el mundo giraba sin cesar,
en el girar
una gran espiral áurea
emborronaba mis ojos,
su centro
me atrapaba,
taladraba mi mente,
flashes,
como recuerdos extraños,
se sucedían a calambrazos,
me erguí,
lento pero seguro,
me tambaleé hasta la taza del váter,
expurgué mis entrañas con amplia sonoridad,
quizá me excedí en el mal comer
y mucho beber,
o puede que estuviera enfermo,
o simplemente era un pobre enfermo,
como solía decirme Alçalaín,
su recuerdo me fue grato,
me revigoricé,
me propuse abrir esa maldita puerta de una vez,
estuviera donde estuviera en el espacio-tiempo
volvería a dar con ella,
necesitaba volver a verla,
sentirla cerca de mí,
como en los viejos tiempos,
verde,
verde,
ése era el color,
verde,
empecé a garabatear
poco a poco la puerta cobró forma,
entreabierta,
tras ella sólo había negro,
fui rectificando el dibujo,
la puerta se abría,
cada vez más,
y más,
hasta quedar de par en par,
sólo había negro,
la nada adquirió vida,
parecía que vibraba,
me enganchó un brazo,
empezó a absorberme,
lentamente,
el negro se extendía por mi ser,
me devoraba,
arrastrándome al vacío,
no quedó nada de mí,
la puerta se cerró por sí sola.
vodka,
whisky,
volaban día tras día,
podría haberme emborrachado con mi propio sudor,
por más que me esforzaba
no había forma de abrir la dichosa puerta,
siempre estaban cerradas,
una detrás de otra,
pronto se volvió algo tedioso,
caí en la desidia,
el agotamiento se presentó ante mí,
martilleando mi cerebro con cuatro acordes de cuerda,
mi vista perdió definición,
sin darme cuenta,
caí en un estado de extrema embriaguez,
yací en el suelo,
mientras,
el mundo giraba sin cesar,
en el girar
una gran espiral áurea
emborronaba mis ojos,
su centro
me atrapaba,
taladraba mi mente,
flashes,
como recuerdos extraños,
se sucedían a calambrazos,
me erguí,
lento pero seguro,
me tambaleé hasta la taza del váter,
expurgué mis entrañas con amplia sonoridad,
quizá me excedí en el mal comer
y mucho beber,
o puede que estuviera enfermo,
o simplemente era un pobre enfermo,
como solía decirme Alçalaín,
su recuerdo me fue grato,
me revigoricé,
me propuse abrir esa maldita puerta de una vez,
estuviera donde estuviera en el espacio-tiempo
volvería a dar con ella,
necesitaba volver a verla,
sentirla cerca de mí,
como en los viejos tiempos,
verde,
verde,
ése era el color,
verde,
empecé a garabatear
poco a poco la puerta cobró forma,
entreabierta,
tras ella sólo había negro,
fui rectificando el dibujo,
la puerta se abría,
cada vez más,
y más,
hasta quedar de par en par,
sólo había negro,
la nada adquirió vida,
parecía que vibraba,
me enganchó un brazo,
empezó a absorberme,
lentamente,
el negro se extendía por mi ser,
me devoraba,
arrastrándome al vacío,
no quedó nada de mí,
la puerta se cerró por sí sola.
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