lunes, 17 de junio de 2019

Su mirada fango,
su palabra estiércol,
sangre en la mano
la matanza del cerdo.

Olvido,
recuerdo,
camino,
duermo...

Detrás de la máscara
se esconde el sueño,
yo soy el tuátara,
tu eres el cuervo.

Intenta ver,
mira el árbol,
vamos ven
verás al gato,
intenta lamer su larga cola,
vamos ven
verás la gota,
lluvia,
desnuda,
sucia.

¡Puta!

Perdido en el aspirar del último cigarrillo
el viejo es un moribundo,
humo...

Trata de levantar,
el hombre de la puerta de atrás
no deja de mirar,
dame whisky, quiero más.

Te miré,
no pude ver,
me viste,
mirar no quisiste.

Me mareo,
me caigo,
me rompo,
al fin poder vivir hecho pedazos.

La gaviota huye del mar,
el perro no puede ladrar,
el árbol cruje seco,
al fin el viento,
al fin la lluvia
borran tu calumnia
y levanto de entre los muertos.

Mírame, si es que crees,
háblame, si es que ves,
devora mi carne,
bebe mi sangre.

Enseñamos al payaso a escupir fuego
su lengua tornó negro,
putrefacta su carne,
se pintó los labios color rojo sangre.

El cielo, con sus cabellos grises,
me mira con ojos tristes,
me vuelvo cristal,
cristal que quiere cortar.

Sus manos espino arañan mi piel,
no sé quién es este ser
que logra mi sangre lamer
como si fuera la primera vez.

No sé qué es esta danza macabra,
el sol se traga a la luna,
labios de prostituta,
escupidos a la nada el dolor nos aplasta,
sólo nos queda la cicuta,
no hay duda,
el fuego nos reclama.

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