Me acerqué a la nevera,
la abrí con tranquilidad,
la cabeza del escocés me miró,
la lástima desfiguraba su rostro,
su carne rozaba la putrefacción,
intentó hablar
cerré la puerta con brusquedad,
no soporto las palabras de la inanimidad.
Me acerqué a una estantería
donde reposaban varios discos,
cogí uno al azar
lo coloqué en el giradiscos,
bajé la aguja con delicadeza,
leves ondas sonoras sorprendieron a la monotonía de la estancia semidesnuda con un ligero crujir,
el característico sonido de surcar el vinilo,
una flauta sonó con extraña melodía
me recosté en el sillón,
dejé que el humo invadiera mi mente...
Vi un gran felino,
vi al lobo,
a la serpiente,
el Yeenaaldlooshii me mostró su rostro a través del espejo,
la habitación empezó a adquirir un blanco aterrador,
las calaveras
carcajeaban al otro lado de la puerta,
la música se aceleraba
el tantán redoblaba
mi corazón retumbaba,
extraños seres comenzaron a danzar,
a cantar sones antiguos en lenguas olvidadas,
el espejo estalló en mil pedazos,
el espacio-tiempo se detuvo,
mil rostros quedaron al descubierto,
el rojo interrumpió al blanco,
comencé a girar en la nona dimensión...
Di a adquirir consciencia en un viejo banco de madera,
lo custodiaba un nogal joven
cargado de flores,
los pájaros revoloteaban
trinaban sin cesar en un caos musical,
las carcajadas de las calaveras,
que aún resonaban a lo lejos,
se apagaban,
poco a poco los pájaros se durmieron,
los grillos los sucedieron,
las ranas se los comieron,
la luna lloró,
una lágrima cayó a mi lado
la tomé en mis manos,
en su extraño brillo encontré una flauta,
no pude evitar soplarla
hasta despertar al sol.
la abrí con tranquilidad,
la cabeza del escocés me miró,
la lástima desfiguraba su rostro,
su carne rozaba la putrefacción,
intentó hablar
cerré la puerta con brusquedad,
no soporto las palabras de la inanimidad.
Me acerqué a una estantería
donde reposaban varios discos,
cogí uno al azar
lo coloqué en el giradiscos,
bajé la aguja con delicadeza,
leves ondas sonoras sorprendieron a la monotonía de la estancia semidesnuda con un ligero crujir,
el característico sonido de surcar el vinilo,
una flauta sonó con extraña melodía
me recosté en el sillón,
dejé que el humo invadiera mi mente...
Vi un gran felino,
vi al lobo,
a la serpiente,
el Yeenaaldlooshii me mostró su rostro a través del espejo,
la habitación empezó a adquirir un blanco aterrador,
las calaveras
carcajeaban al otro lado de la puerta,
la música se aceleraba
el tantán redoblaba
mi corazón retumbaba,
extraños seres comenzaron a danzar,
a cantar sones antiguos en lenguas olvidadas,
el espejo estalló en mil pedazos,
el espacio-tiempo se detuvo,
mil rostros quedaron al descubierto,
el rojo interrumpió al blanco,
comencé a girar en la nona dimensión...
Di a adquirir consciencia en un viejo banco de madera,
lo custodiaba un nogal joven
cargado de flores,
los pájaros revoloteaban
trinaban sin cesar en un caos musical,
las carcajadas de las calaveras,
que aún resonaban a lo lejos,
se apagaban,
poco a poco los pájaros se durmieron,
los grillos los sucedieron,
las ranas se los comieron,
la luna lloró,
una lágrima cayó a mi lado
la tomé en mis manos,
en su extraño brillo encontré una flauta,
no pude evitar soplarla
hasta despertar al sol.
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