sábado, 29 de junio de 2019

Juegan los marrones con el blanco sobre el verde,
el árbol se pudre anciano,
ya no se posan los pájaros,
a lo lejos suenan clarines
que se confunden con el viento.

Somos dos gotas negras
difusas en el agua desteñida
por el amarillo de las farolas,
las aves sobrevuelan nuestra carroña
mientras el cielo enrojece,
la luna se esconde entre los puentes,
las flores se pudren,
al amanecer, bajo el árbol del ahorcado
donde tallaron los pájaros tu nombre.

No quiero volver a las horas de la luna,
jugar, perder
la voz de la locura.

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