jueves, 20 de junio de 2019

Fueron versos que debió llevarse el viento
o quizá los devoró el fuego,
ni lo sé ni me importa,
sólo me importa la lengua rota.

He visto más allá,
pero de eso hace mucho tiempo,
que más da,
al fin y al cabo todos estamos ciegos...

Las flores se secan, el whisky se evapora,
cuando despiertas solo,
sentado en un banco olvidado de los rayos del sol,
sabes que has tocado fondo,
por eso no me gusta cavar tan hondo,
porque luego hay que poder salir
y no sólo poder, sino también saber,
porque la gramática a veces se retuerce y te confunde,
hay que saber que es lo que hundes y hasta donde lo hundes,
yo no entiendo de cuchillos, sólo tengo algunos cortes, ninguno letal,
pero entiendo de frío y soledad, de dolor y muerte...

A veces hay que saber volver a empezar
para poder llegar al final.

Cada vez que veo el uno me acuerdo de ti,
porque la unidad es soledad, olor a madera, sabor a goma,
es entonces cuando nos cobijamos en el verbo,
en la yuxtaposición del sujeto,
no podemos obligar a olvidar,
no podemos evitar olvidar,
sólo tengo viejos recuerdos,
suficiente por el momento.

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