sábado, 29 de junio de 2019

Mil rostros cubre la máscara
bajo la luz de la lámpara,
payaso de un circo surrealista
que una vez tuvo vida.

Llevaba demasiado tiempo
tocando la flauta
en las calles,
no me encontraba con fuerzas
para seguir con ello,
cogí un trozo de papel,
lo emborroné con algunas palabras...

"En una prisión de blancas paredes
se pierde mi mente,
me puede el dolor,
desespero,
oh, joven ninfa,
dime, dónde habitas,
busco sin descanso
nunca te hallo."

Enseguida comprendí que no comería de esto,
tan sólo era negro sobre blanco,
decidí probar suerte con la pintura,
nunca me había dedicado a ello,
pero resolví la adquisición
de varias tizas de colores,
de forma un tanto irregular,
empecé a vagar por las aceras,
de vez en cuando daba con algún hueco interesante,
verdaderamente mi técnica era lastimosa,
mis manos,
escuálidas y temblorosas,
se iban volviendo arco iris,
a duras penas lograba sacar dinero,
hambre y frío eran compañeros habituales,
pero seguí el camino,
algo dentro de mí necesitaba salir,
aunque sinceramente,
ignoraba qué,
el tiempo galopaba feroz,
los días se iban,
mentiría si dijera que fueron fáciles,
mas si fue cierto que mi habilidad se acrecentó,
la tiza se convirtió en una extensión de mi cuerpo,
alcancé la capacidad de plasmar mi mente,
no,
no me hice rico,
ni famoso,
es más,
la gente pisoteaba mi obra sin compasión,
pero al menos podía mantenerme,
gracias a las monedas que dejaban algunas almas.

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