martes, 18 de junio de 2019

¡Repámpanos!

Exclamé al despertar y verme sobre una cómoda cama,
ya ni podía recordar
cuando fue la última vez que dormí en una,
miré a mi alrededor,
vi una extraña criatura,
dormitaba a escasos metros de mí
mas no guardé temor,
sin duda,
ella era la responsable de que me encontrara a salvo,
reposando en tan espléndido catre,
sonreí,
mis ojos brillaron,
al fin alguien se apiadaba de la pobre alma
del hombre del banco,
me quedé,
ancho en regocijo por mi fortuna,
con la alegría dibujada en mi rostro.

Di al regodeo
observando al singular ser
que tenía al lado,
evidentemente era una fémina,
hermosa,
muy hermosa,
piel de azahar,
cabello de nogal,
espesos bucles adornados de pitiminí
con diferentes colores,
labios sativos,
dulce canto de pajarillos,
desprendía una adorable fragancia
a naranja recién cortada,
bien pudiere comprehender entrambas mis palmas,
tan pequeña y frágil,
¿cómo pudo traerme hasta aquí
ella sola?

Irradiaba algo especial,
algo grande había en su interior,
en esto abrió los ojos,
llenos de vida y expresividad,
bellos como ningunos,
su mirada era miel de brezo,
y nos quedamos encandilados en la mutua contemplación.

Conjuró en una lengua que no entendí,
comprendí que mi verbo le era ignoto,
no nos podríamos comunicar en una temporada,
no me preocupó demasiado,
sabía que aprendería rápido esta lengua nueva,
al fin y al cabo
siempre se me habían dado bien estas cosas,
pero me dio rabia,
después de tantos años sin hablar con nadie,
no poder disfrutar de una agradable charla
con tan intrigante ser,
ardía en deseos de aprender de ella
las cosas de este nuevo mundo.

Todavía estaba débil,
mas mi nueva amiga
cuidó de mí con esmero,
probé suculentos manjares,
ella los preparaba con lo que recolectaba del bosque,
sucedieron días muy plácidos
mientras me recuperaba por completo,
poco a poco,
escuchando la voz de mi ninfa,
comprendí sus palabras,
enseguida las pronuncié,
pronto las hablé,
nos reímos
pues nos entendimos,
entonces me di cuenta,
su nombre,
Alçalaín,
venía a querer decir
piel de azahar,
y un nuevo amanecer nos sorprendió
con los rayos del sol.

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