sábado, 29 de junio de 2019

Me encontré golpeando mi cabeza contra una pared,
pero no me hacía daño,
estaba acolchada,
tenía los brazos cruzados,
fuertemente sujetos a la espalda,
era imposible soltarse,
golpeaba sin cesar mi cabeza contra la pared,
no era realmente consciente de quién era,
ni donde estaba,
cómo y por qué había llegado a esta situación,
me puse en pie,
observé a mi alrededor,
había un espejo enorme
me acerqué,
horrorizado comprobé
que no me reflejaba en él,
me arrojé contra el espejo,
impacté fuertemente con mi rostro,
sin duda me había fracturado el tabique nasal,
la sangre manaba en abundancia,
sentí como un azote huracanado,
mi ropa se desgarró mostrando mi desnudez,
el espejo se iluminó con un tono amarillento,
posé levemente un dedo sobre él,
ondeó,
como el impacto de una diminuta piedra sobre un tranquilo lago,
volví a lanzarme con furia,
al otro lado del espejo buceé en aguas heladas,
el aire me faltaba,
pero continué, braceando con fuerza
en busca de la superficie,
casi cuando creía fallecer emergí
sobre las aguas de un río,
con tanta fuerza que floté
al menos un metro por encima,
me acerqué hasta la orilla,
ahí descansé,
poco a poco recuperé el fuelle,
hacía frío,
el cielo adquiría los tonos del atardecer,
el lugar donde me hallaba,
resultaba familiar,
había estado antes,
sí,
estaba al lado del bosque donde vivía Alçalaín,
eso me llenó de entusiasmo,
felicidad,
lo había conseguido,
podría descansar en paz a su lado,
por fin,
todo sería como antes,
incluso mejor,
la abrazaría,
la besaría,
reiríamos,
cantaríamos,
ella bailaría al son de mi flauta...

En mi dulce sueño dormí,
plácidamente,
al otro lado,
sí,
al otro lado.

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