sábado, 29 de junio de 2019

Quizá me obsesioné
la primera vez que dibujé su rostro,
sí,
la ninfa de mis sueños,
Alçalaín,
empecé a dibujarla,
una y otra vez,
de forma casi enfermiza,
algo se había perdido en el camino,
estaba convencido,
necesitaba volver con ella,
por eso la dibujaba
como una extraña forma de revivirla,
de llegar hasta ella,
atravesar el invisible muro que nos separaba,
posiblemente los largos días de ingesta de alcohol
habían hecho estragos en mi pobre mente,
pero,
¿y si consiguiera derruir la
realidad?

Controlar la fantasía a mi antojo.

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